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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

 

Iniciaré diciéndole, querido lector, que más de 70 millones de personas son hipertensas en este nuestro mundo, dato proporcionado por la OMS (Organización Mundial de la Salud), dato muy duro, la cantidad de sal al día para un ser humano normal es solo la mitad de una cucharadita, equivalente a menos de 4 gramos de sal al día.

¿Por qué la importancia de este elemento? Desgraciadamente no podríamos vivir sin ella, y esto debido al sodio que contiene, cuyo signo químico es Na, elemental para incontables acciones, hidratación, movimiento muscular, acciones neuronales, estabilización electrolítica, así como en el metabolismo humano, es más, no es comprensible en la ausencia del sodio, también tiene cloro, el símbolo químico es Cl, ambos juntos son el famoso cloruro de sodio, tan importante, tan útil, pero igualmente tan peligroso, incluso las bebidas como las deportivas, energéticas e incluso las bebidas gaseosas, de tipo refresco, la contienen, casi siempre más de los requerimientos diarios.

Perdemos grandes cantidades de sodio en el sudor y en la orina, y si no los repones te sentirás débil y tendiente a deshidratarte, la cantidad de sodio en sangre debe ser de 135 mola/L, de aquí que sea un elemento químico indispensable para una vida humana, pero el exceso nos lleva a aumentar la lista de pacientes hipertensos.

Por tanto, es importante, muy importante, no tener sodio de más en el cuerpo, ya que ocasionará, de primera intensión, retención de líquidos, que harán que suba la presión arterial, porque el corazón tendrá que bombear más cantidad de volumen sanguíneo por la retención de líquidos. Aunado a esa carga de líquidos y le agregamos como un aderezo corporal, obesidad, aumento de colesterol, triglicéridos, tendremos un hipertenso en toda la extensión de la palabra, aquí es donde vemos que la sal sí es más nociva de lo que suponemos.

Tenemos en el mercado una amplia lista de alimentos ricos en sal, más de lo que nos imaginamos, chorizo, salchichonerías, cecina, carne magra, embutidos y jamones serranos, y aunado a esto vemos que hay personas, que aún sin probar la comida, ya le están agregando sal, esto para ellos es darle más sabor, pero realmente es más peligroso de lo que imaginamos. Ya en algunos restaurantes de la Ciudad de México no hay saleros en las mesas y se deja solo la sal que le añadió el cocinero o el Chef.

Otro gran problema mundial es la fast food, comida rápida, elaborada con gran cantidad de sal hamburguesas, hot dogs, pizza, pretzzels, y en nuestra cocina, las carnitas, el frito, el mole, el pozole, en fin, casi todos los alimentos contienen grandes cantidades de sal. Ahora se está exigiendo que se preparen sin nada, absolutamente nada de sal.

Existe un sustituto de sal, así como un sustituto de azúcar, pero lo de siempre, no sabe igual, no tiene el mismo toque que el original, siempre se sugiere que los alimentos procesados no tengan tanta sal.

La humanidad se ha encargado en incrementar la ingesta de todo aquello que debería ser restringido, la sal, el potasio, el alcohol, el tabaco, en fin, se sabe que hace daño, pero es muy rico, sacrifico mi salud por el sabor y el placer que me da comerlo o hacerlo.

Llegará un momento en la vida de cada ser humano que tendrá que entender que le hace daño, no es mala, es esencial para la vida, lo malo es el abuso, al que estamos cayendo constantemente.

Si yo como médico le digo a un hipertenso -No vaya a comer con sal, no la use, y señora usted no guise con sal-, el paciente dirá doctor eso no me va a saber a nada, y lo harán una vez, tal vez dos, pero regresará a su viejo camino, de ponerle sal hasta los postres, haciéndose un daño que será desgraciadamente mortal.

El dicho lo aclara muy bien: ni tanto que queme al santo, pero tampoco, menos que no lo alumbre, lo necesario y lo sano, no más.

Gracias por leer este artículo.

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