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La obesidad cuesta

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

 

El BID (Banco Interamericano de Desarrollo), publicó en su blog Gente Saludable, sobre el debate que hay entre la relación que hay con obesidad y la selección de alimentos y bebidas.

Toda esta discusión se desató, cuando en 2013, el congreso mexicano aprobó el IEPS (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios), aplicando impuestos extras a refrescos y bebidas azucaradas de hasta un peso por litro del producto, cuya tendencia sería la disminución en su ingesta y en su consumo; todo esto apoyado en una encuesta del 2012, que mostró que 7 de cada 10 adultos y 1 de cada 3 niños, padecían sobre peso u obesidad, la encuesta ENSANUT (Encuesta Nacional Sobre Nutrición y Salud) en México, cuyo principal objetivo era el de disminuir las ENT (Enfermedades No Transmisibles), como diabetes, hipertensión arterial, hiper trigliceridemia e hiper colesterolemía, y todo esto porque en el año de 2014 hubieron cerca de 94,000 muertes por estas enfermedades, según datos del INEGI, en nuestro país, tomando como común denominador la obesidad.

Todas las baterías se enfocaron a atacarla, cuyo punto más fuerte fue el que las personas no toman una adecuada decisión en la elección de sus alimentos e ingieren gran cantidad de refrescos y alimentos ricos en grasa y calorías, empeorando el panorama de la obesidad. El solo hecho de tomar una sola bebida carbonatada, refresco, en el día hace que un adulto tenga un 27% más de probabilidades de hacerse diabético, pero el problema se empeora en los niños, ya que en ellos el porcentaje se eleva hasta un 55%.

Fatales estas cifras, pero aún con estas modificaciones e incrementos que se esperaba que disminuyera la ingesta de bebidas carbonatadas y se promoviera la ingesta de otro tipo de bebidas más sanas, querido amigo lector, no sólo no disminuyeron, sino que en regiones del país hasta aumentaron la ingesta de bebidas carbonatadas.

No hay un estudio claro que muestre un claro comportamiento posterior al impuesto, pero dicho impuesto solo disminuyó un 6% la ingesta de bebidas carbonatadas y aumentó un 4% la ingesta de agua, muy pobres resultados, se esperaban mejores respuestas, pero fue insuficiente.

Se espera que para el 2018 se haya disminuido un 10% la ingesta de bebidas, que hará que este impuesto, casi cinco años después solo el 10% de la gente haya disminuido su ingesta de refrescos, estos porcentajes, no buenos, pero con tendencia a mejorar han hecho que la ONU y OMS, voltean a ver las medidas y sugieren que sea mayor el impuesto por litro no de un peso sino de dos pesos por litro y que esa cantidad se tome para investigación sobre obesidad y las enfermedades que ésta genera, ya algunos países lo quieren implementar como México.

Haciendo un análisis crudo y real, vemos cómo el BID volteó a ver lo que los legisladores mexicanos intentaron hacer para frenar una odiosa enfermedad, la obesidad, que nos está poblando el país, nosotros que vivimos en la costa y vemos cuando las personas van a la playa o a la alberca más de la mitad de mujeres y hombres adultos son obesos, y en el caso de los niños es menor la proporción, pero no está lejana, es una medida que incluso como seres humanos nos debería sonar hasta insultante, ya que nos suben el precio para que entendamos que lo que estamos tomando es malo, y lo peor de todo esto, lo seguimos tomando, mala no fue la medida ya que tiende a bajar los porcentajes, radical no tanto, porque no es prohibitivo, pero como seres humanos si me hace pensar que lástima que las autoridades deban de tomar estas medidas que nos hacen pensar que no somos capaces de entender como seres humanos pensantes, qué nos hace daño y pese a que nos haga daño lo seguimos consumiendo, producto de la mercadotecnia, del hecho que esté más barato un litro de refresco que un litro de leche, que las transnacionales se ven beneficiadas con su consumo, que no tenemos la suficiente fuerza de voluntad para decir no a un refresco, o como sociedad estamos en una etapa de consumismo absoluto que no nos permite llevar a pensar en las consecuencias, o lo más trágico, estamos de acuerdo en pagar cualquier consecuencia y precio aún con nuestra salud solo por el hecho de seguir tomando mi refresco favorito.

Este artículo tiene por objeto hacer entender que no requerimos impuestos castigadores para dejar a un lado lo que nos haga daño. Debemos, como padres de familia responsables de una sociedad, evitar que el consumo masivo de bebidas gaseosas carbonatadas sea un fantasma que nos lleve a la obesidad, hipertensión y muerte, porque así lo queremos.

Gracias por leer este artículo.

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