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Sismos, terremotos, qué daño nos causa

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

¿Qué es un sismo? Es todo aquel movimiento de tierra, ya sea oscilatorio o trepidatorio; el primero en círculos: oscilando, como fue este último temblor del jueves 7 de septiembre, con una escala de Richter de hasta 8,2, alto, sí, muy alto, pero el hecho de que haya sido oscilatorio fue menos grave, como si hubiera sido trepidatorio, que es  subir y bajar, sacudiendo la tierra fuertemente, originados ambos por el choque de las placas tectónicas y la liberación de esa energía que emerge a la superficie en forma de temblor, sismo o terremoto.

Si estamos cerca del lugar donde se originó, se denomina epicentro, los daños serán más graves, pero si estamos lejos los daños serán menores o mínimos y sí habrá en ambos casos daño psicológico, por encarar el miedo a morir en una fracción de segundos.

¿Qué genera el sentir un movimiento telúrico en un ser humano?

Estrés, crisis nerviosa, agotamiento físico y mental, pánico angustia, ansiedad, insomnio, pesadillas, depresión, irritabilidad, dolores musculares y la clara vivencia de lo ocurrido mediante Flashback, que son recuerdos fotográficos de lo vivido con anticipación.

Para los que tuvimos la oportunidad de vivir aquel 1985, esos Flashbacks son más intensos, por tener en la memoria lo vivido en ese 19 de septiembre de 1985 a las 7:20 de la mañana.

El sismo tiene una réplica grande y muchas pequeñas réplicas; se ha visto que la respuesta de la gente es más aparatosa y seria en la réplica que  en el mismo terremoto inicial, ya que cuenta con la carga psicológica de lo que vivió y sucedió anteriormente y sus respuestas serán más exageradas, de aquí que aparezca ese miedo o pánico que ahora en las redes sociales se aprecia mejor al informar y mal informar que “ya está pronosticado un temblor más fuerte y que será fatal”, esto lo vengo oyendo desde hace 50 años, y en San Francisco, USA, desde hace más de 100 años, lo están esperando, por estar donde se inicia la falla de San Andrés, que termina aquí en nuestro estado de Michoacán.

No, no sabemos, no hay forma de predecir un temblor, no lo sabemos, pero debemos estar preparados siempre. Y queriendo o no viene a la cabeza de los que vivimos aquel paisaje, de la hoy CDMX, antes Distrito Federal, esas imágenes de desolación, edificios, hoteles derrumbados, el sonido de las ambulancias y cómo la gente se vuelca en una manera solidaria con los caídos en el temblor a tratar de ayudar, a ayudar desde dirigir el tráfico hasta cargar piedras con propia mano para tratar de rescatar a alguien con vida, con ese sentimiento entre miedo, temor y respeto, sobre todo respeto a la muerte que cobró vidas, en este último caso hasta este momento van 96, y nuestros hermanos de Juchitán, Oaxaca, son por ahora los más afectados y a ellos corre el apoyo no solo militar, social, económico, político sino hasta de oraciones, que no dejan de fluir para aminorar su carga.

Notamos cómo aparece a partir del 3 a 4 día, posterior a un sismo de alta magnitud como estos, se inicia un olor desagradable a muerte, a descomposición y esto es sumamente desagradable, se aprecia en la gente esas caras tristes, con dolor pero sigue apoyando, no hay canciones que alegren, no hay corazones alegres, se declaran días de luto nacional, que no traen consuelo a los caídos, y solo atinamos a decir, no fui yo, pero pude haber sido, eso es lo que psicológicamente ataca a muchas mentes posterior a un sismo, muy difícil de tratar y atacar por la variedad tan grande de estímulos que se presentan en un siniestro de gran magnitud como este, y lo peor notamos esa vulnerabilidad humana, y como aparece esa palabra que nunca como en estos casos eleva su significado a niveles supremos, la Solidaridad, todos nos solidarizamos con nuestros hermanos caídos en desgracia ya sea con tiempo, con dinero, con utensilios, con cobijas, con dinero, en fin, con lo que podamos y es que somos muy solidarios, y quien no puede lo hace incluso con oraciones.

En los últimos 40 años hay más investigaciones, más alarmas, más prevenciones, pero sabemos como dice la gente de California, “hay que esperar al Grande”, refiriéndose a un terremoto de características catastróficas, cuando imposible predecirlo, no nos resta más que solidarizarnos, apoyar a nuestros hermanos caídos y seguir orando, porque ese Grande no nos toque cerca.

Vaya este artículo como un reconocimiento a esa gente que muestra siempre su solidaridad en estos casos.

Gracias por leer este artículo.

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