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Mi vida 2 (Segunda Parte)

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

 

Terminé la primaria, con los propios altibajos a los que nos íbamos a enfrentar con mi madre haciéndose cargo de nosotros tres, mis hermanos y yo, después de que murió mi padre, y así pasó que mi madre de ser ama de casa pasó a ser secretaria en una oficina de FNM (Ferrocarriles Nacionales de México), llamada Informes Financieros, que no era otra cosa que la contabilidad de aquella empresa paraestatal.

Mis hermanos y yo estudiando, con las carencias propias de una familia que es guiada solo por la madre, pero puedo decirles que fue una de las épocas más felices de mi vida, en esas fechas aproximadamente en 1966, ingresamos a lo con el tiempo formaría nuestro caracteres, a un grupo de exploradores, que abrazaban el escultismo como bandera, y que eran llamados Scouts, cuyo padre fundador fue el Lord BP Baden Powell, inglés pero terminó siendo ciudadano del mundo, ingresando desde lobatos, niños pequeños; este escultismo  basa su cultura y sus enseñanzas, en ese bello Libro de la Selva, que hoy día se ha hecho ya en varias películas por Disney, muy popular y muy bonito recordará, querido lector, aquel del oso, Baloo, la pantera Baghera, del tigre Sherekan, de Mowgly, el niño, aquel que fue criado por lobos, y que estábamos agrupados, en seisenas como niños y ya mayores en la tropa en patrullas, repito, una época difícil por las carencias económicas, pero el haber pertenecido a estos grupos nos hizo a mis hermanos y a mí una niñez más sana y cercana a la naturaleza.

Para trasladarse a la escuela, afortunadamente la primaria estaba muy cerca de la casa y caminando estábamos allí en 15 minutos, pero había que cruzar muchas calles peligrosas, Talismán una de ellas, muy anchas y con mucho tráfico, pero así crecimos sorteando carros, como sortearíamos la vida,  jugando futbol callejero, con partidos memorables de calle a calle, y acudiendo a nuestras juntas con los scouts, afortunadamente era muy económico pertenecer a esos grupos, llegué yo a pensar que en algunas ocasiones se nos disculparon las cuotas mensuales, salíamos de excursiones y hacíamos especialidades, yo tendí siempre a hacer primeros auxilios, ya que eso me llamaba mucho la atención, yo era el del botiquín, el que trataba de atender a los heridos, recuerdo claramente que se nos inculcaba en los scouts principios que eran Dios, Patria y hogar, y se nos inculcaban Virtudes, que eran Lealtad, abnegación y pureza, y que debíamos ser siempre fieles a nuestra palabra, existían oraciones y promesas que se hacían para hacer mejores ciudadanos, y era formidable ir avanzando en grados, en especialidades, en insignias y llegar a ser un Toro de plata, que en nuestra asociación que era el grado máximo, y afortunadamente yo lo fui, esto equivale en los scout americanos a ser un  Eagle scout, muy hábil, muy sano y muy buen elemento, éramos acremente criticados en la calle por la gente que no entendía el escultismo y que ni sabía de qué se trataba por andar en pantalón corto, vestidos de verde y con un trapo enredado en el cuello (pañoleta), nos decían que éramos “unos bobos vestidos de niños o unos niños vestidos de bobos”, aprendimos a no hacer caso y crecer, épocas difíciles por la falta de mi padre, pero afortunadas por haber conocido gente y amigos, que hasta hoy en día, cuento con ellos, como hermanos en el escultismo, que pese a la distancia y los años, estamos ahí, uno para el otro.

La figura paterna la tomaron nuestros jefes tanto de manda como de tropa y fueron grandes hombres, Ángel Cureces, Feliciano Mejía, Oscar Silva, grandes hombres que formaron a cientos de jóvenes, entre los cuales salí yo.

Recuerdo claramente la promesa que hacíamos para pertenecer de lleno al grupo, Grupo Uno de la Asociación Mexicana de Scouts,  que aquí le transcribo, querido amigo y observe que pese a ser sencilla, lleva un gran compromiso:

“Yo prometo por mi honor (es el honor de cada uno), hacer todo cuanto de mí dependa, (todo lo posible) para cumplir mis deberes para con Dios y la Patria, (nos inculcaban a Dios y la Patria), ayudar al prójimo en toda circunstancia y cumplir fielmente la ley scout”.

Al realizar esta promesa en una ceremonia ante todos los compañeros y los jefes, se nos otorgaban la pañoleta que se enredaba y se colocaba en el cuello, atorada con un nudo que ya cada quien lo hacía de lo que pudiera, de hueso de tela, tejido, de madera, etc. etc., cada quien como quisiera, pero debía ser muy bonito. Nuestra pañoleta era roja, que significaba la sangre de nuestros héroes y un cuadro verde en la parte de atrás que marcaba el verde de nuestros campos, nos daban las insignias de la asociación y las borlas amarillas de estambre en las piernas, con las que amarrábamos las medias o calcetas verdes, era toda una ceremonia, en donde se nos investía, en la que jurábamos ser siempre los mejores.

Promesa, leyes, principios y virtudes, que hasta la fecha he tratado de llevar, aunque me alejé del escultismo llegando casi a los 18 años, en que cambié mi gusto por el escultismo por otra de mis pasiones, el Futbol Americano. De la primaria pasé a la secundaria, la número 24 Leona Vicario, ubicada en la calle de Misterios y la calle de Fortuna, también por la Villa de Guadalupe. Ya iniciaba la adolescencia y debíamos de seguir creciendo y yo no quitaba mi idea de ser Médico.

Gracias por leer este artículo.

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