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Mi vida 3 (Tercera Parte)

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

 

 

Llega la adolescencia, ingresamos mis hermanos y yo a la Secundaria Leona Vicario No. 24, en el turno vespertino que era el turno masculino, secundaria tradicionalista que era con tendencias militarizadas, por la tarde con un prefecto egresado de escuelas militares, específicamente Antón Lizardo en Veracruz.

Los uniformes bonitos, los ensayos, las escoletas, los desfiles, las bandas de guerra, las escoltas, en fin, todo eso aunado a la vida estudiantil de secundaria, fueron grandes momentos, que quiera uno o no trastocan la formación de cada ser humano y conmigo no podría ser diferente, veo en esta época dos situaciones que modifican mi vida, uno el eterno gusto que hasta ahora tengo de leer, y mi segunda mi pasión por el futbol americano.

Regresando a la primera pasión: en mi primera clase de Literatura nos obligaron porque así era, obligatorio, donde leí por completo mi primer libro. Mi madre ya que había forzado en varias ocasiones a leer algún libro, siempre los iniciaba y no los terminaba, y en secundaria primer año, leí por completo el Poema del Mío Cid, de autor anónimo, podría decirle mi querido amigo, que me llevó a vivir esa vida de Don Rodrigo Díaz de Vivar, Ruy Díaz, y literalmente me comí ese libro, no solo me aficionó a la lectura, sino que lo viví tan intensamente como lo hubiera querido que lo hiciéramos el autor que aunque anónimo, me enseñó a amar la lectura, entendí que al leer un libro tengo al autor junto a mi platicándomelo y diciéndome su experiencia, lo que él siente y lo que él vive, aunque sea de novela o de ciencia ficción, estos viendo y viviendo lo que el autor siente o está viviendo, y regresé la mirada y entendí por qué.

Mi madre me decía que leyera Don Quijote de la Mancha, lo leí, quiero decirles queridos lectores que lo he leído ya tres veces en mi vida, en diferentes partes y épocas de mi vida y siempre, absolutamente siempre, me deja un gran sabor de boca y enseñanzas, no cabe la menor duda que Don Miguel de Cervantes Saavedra fue un genio en la escritura, usa miles de vocablos y nos transporta a vivir el ideal de un ser medio orate, que tiene mucha más cordura que muchos que vivían junto a él.

Así de esta forma abracé la lectura, que hasta la fecha la sigo practicando, haga lo que haga y esté donde esté, siempre estaré leyendo un libro, que no sea de medicina, como médicos no solo debemos saber de nuestra carrera, debemos de saber de cultura general y gracias a los libros he aprendido mucho y he vivido y estado en lugares que nunca me imaginé que iba estar, así que, querido amigo, le recomiendo que lea.

En segundo año de secundaria, por ares del destino, y claro, por no estudiar, reprobé la única materia que reprobaría en mi vida de estudiante y juré que nunca me volvería a pasar, y efectivamente nunca me pasó más ni en la universidad ni en la carrera ni en la residencia ni en el post grado, no reprobé otra materia, pero esa materia en especial, esa, ya se ha de imaginar ¿cuál era? esa materia: sí señor: Matemáticas, si, y dije yo -lo bueno es que en Medicina no llevaré matemáticas-, no sabía lo que decía, para todo usamos las matemáticas y en Medicina hay un par de materias que llevan matemáticas como son bioestadística, bioquímica y medicina de la salud, qué lejos y qué cerca estaba yo de no poder seguir mis estudios, por haber reprobado esa materia, me brincaban mariposas en la panza de saberme tronado, bateado y sacado de mi objetivo de estudiar Medicina, me dio pena con mi mamá, ya que ella trabajaba para que yo estudiara y salir yo con mi batea de babas de reprobar una materia, qué pena, así que me puse a estudiar, recuerdo que ese verano me la pasé en cursos de matemáticas en secundaria que no eran la mía, pero eran para alumnos burros, ni hablar, me lo gané a pulso, me fui a cursos de regularización, que alguna vez yo decía que no iba a ir, pues sí, me tragué mi orgullo y ahí estaba en mi curso de verano de regulación de matemáticas de segundo año, precisamente por eso, por burro, la pasé en el primer intento con 9, y me juré que no me volvería a pasar esa pena y esa dificultad de decirle a mi mamá: Mamá, reprobé matemáticas; y cerca de esto alejarme de mi objetivo de ser Médico.

Terminé la secundaria como comandante de Guardia, buenas calificaciones, y un promedio no malo, pero debía de mejorarlo para pasar a la preparatoria, dados los escasos recursos familiares apliqué a la UNAM, preparatoria, presentamos ese examen miles de jóvenes de todo el DF y todo el país, en ese entonces yo hice el examen de admisión en CU, en el anexo de la Facultad de Ingeniería, era con tarjetas que les hacíamos una marca para calificar por computadora, tuve la fortuna de ser aceptado a cursar un bachillerato en la UNAM, mi alma mater, ingresé a CCH Vallejo, Colegio de Ciencias y Humanidades, segunda generación, mi hermano Guillermo era de la primera, allí, entra la vida juvenil, y me abrazo de otra de mis grandes pasiones, que hasta hoy día seguiré haciendo, mi amor por el Futbol Americano, ya en secundaria, algunos de mis amigos de los scouts ya lo jugaban, el Conejo Eduardo González, entrañable amigo, los González Menchaca, Randolfo Vigñali, yo los veía con Jersey y con cascos, o Showlders, y yo decía y estos por qué traen eso, era para jugar,  de ahí, inicié a ir a ver cómo entrenaban en un equipo donde estaba el Conejo y mi amigo el Cobra, Jorge Herrera, y nació en mi ese gusanito por jugar este deporte, me ayudaba mi tamaño, no era yo tan chaparro y me gustaba hacer ejercicio, así que inicié a medio entrenar, pero fue hasta la prepa, CCH, donde ya me metí totalmente en forma y de lleno a este bellísimo deporte, que como dicen, es para tontos, pero un tonto no puede jugarlo.

Gracias por leer este artículo.

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