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Mi vida 5

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

 

Ingreso a la Facultad de Medicina, todo cambia, ya no más deporte, ya no tanta lectura de esparcimiento, aunque nunca la dejé por completo, me llegó un  libro que  todo estudiante de medicina debe de leer, Médico de Cuerpos y Almas de Maxims Van Der Mersh, que narra la vida de un estudiante de medicina desde sus primeros años en la facultad, claro en Francia, pero un estudiante de Medicina es Universal, todos somos iguales y este libro me  fue orientando a saber, como decimos -a qué le tiraba-.

Ingreso a mis clases, todo cambia, y los temarios cambiaron radicalmente, antes eran materias de entre varias clases al día, ahora no, solo eran tres materias, pero todo el santo día y todo el santo semestre, Anatomía, Fisiología e Histología, en el primer año, donde  ingresamos a mi grupo 76 alumnos, terminamos 22, 54 seres humanos que ingresaron conmigo a la carrera, no terminaron, ¿qué les pasó, qué sucedió?, dinero, tiempo, dificultad, miedo, nunca podría decirles qué fue, lo único que veía era que ya dejaban de ir y a la tercera falta injustificada los daban baja; como estudiante sabía yo que solo podía hacer tres cosas, estudiar, comer y dormir, y como estudiar tenía prioridad, comer y dormir pasaron a segundo y tercer plano, de aquí que los estudiantes de Medicina seamos desvelados y mal comidos, no existían las Laptops, así que los apuntes los tomamos a mano, escribíamos tan rápido y veloz, que estoy seguro que por esta razón  se nos descompone la letra a todos los médicos.

En la facultad, yo entendía que para escribir bonito hay que tomar tiempo, tener suficiente calma para hacerlo y además hacer los giros adecuados del bolígrafo y que tu maestro hable muy pero muy despacio, y en la carrera de Medicina, ni hablaban despacio los maestros y ni teníamos tiempo, escribíamos como Dios nos dio a entender, por eso acabamos con letra como de garabato, tan criticada, por eso hacemos las recetas impresas o a máquina de escribir, ya que nuestra letra es poco legible, de aquí salió el dicho: “al escribir Dios y yo, y a leerlo solo Dios porque hasta a mí me costaba trabajo”.

Impactante, digno de contarse, es sin duda alguna nuestra primera entrada al anfiteatro y ver los cadáveres por primera vez, difícil ver apilados docenas de cadáveres, y que el maestro de Anatomía, te diga: Manuel Portillo este es tu cadáver, en él vas a trabajar todo este semestre; te invade una especie de miedo a la cátedra, respeto al cuerpo que está ahí, y que literalmente dio su vida para que yo aprendiera, de aquí, que aunque bromistas y llevados, en el anfiteatro aprendimos a respetar a ese ser que nos enseñó anatomía, maestro y sobre todo el cadáver, prohibido hacer bromas, se nos ocurrían muchas, pero por respeto a esos cuerpos nos las ahorramos.

La situación económica aun mal en casa aunque yo ya en Medicina, y mi hermano Guillermo en Ingeniería, Poncho el menor en Preparatoria, debía yo de buscar una forma de apoyar a mi madre en la economía, no sabía hacer nada, así literalmente, lo único que sabía hacer era estudiar, y justo al pasar al segundo semestre, vi una oportunidad que me ayudó a apoyar en algo a la economía familiar, me fui de instructor en la materia de Bioquímica, tanto le corrí a las matemáticas, que trabajé aproximadamente dos años como instructor de Bioquímica, dando apoyo en áreas como Biología, Enfermería y Odontología, que era donde se daban las clases y claro a Medicina, ahí fui dado de alta como profesor universitario, y recibía algún dinerito para apoyo de la economía familiar.

Leer solo Medicina, y vaya que leíamos, y nos desvelábamos, sobre todo cercano a los exámenes departamentales, no tanto en los parciales, mis compañeros de generación, Rosiles Ezquiwis José Antonio, Salamanca Rodríguez Francisco Javier, Madrid Carranza Rubén, que al terminar la carrera nos separamos, tengo contacto con mi hermano de carrera José Antonio que hizo Ortopedia y Traumatología en Polonia y fue un muy buen amigo, hicimos muchas travesuras, esta carrera se presta para eso, y terminas los años básicos en la Universidad, y te vas a los años clínicos, a rotar, andar en todos los hospitales de la CDMX, llevando materias, ya específicas, por área y por especialidad, y en cada hospital un especialista es el responsable del curso y él es el que nos califica, así que debemos estar puntuales, limpios y asistir a clases y a práctica clínica, ya es otro tipo de enseñanza más individualizada, con grupos más reducidos, teníamos la fortuna de pertenecer a la UNAM, y esto nos abría las puertas en todos los hospitales de la CDMX , en otra hora DF.

Pero también la responsabilidad y el nivel de competencia con los compañeros, así como con otras escuelas era siempre muy desgastante, pero aprendimos a vivir con presión y estudiando. Mi escuela la UNAM, mi alma mater, cómo no la voy a querer.

Gracias por leer este artículo.

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