Regresa Morena a Guacamayas y recibe aplausos de sus habitantes

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Otra vez el contacto de Morena con Guacamayas prende las esperanzas de un cambio en el país. Colonias como Ampliación Aeropuerto y Técnica 91 refrendaron el pasado sábado, como en las pasadas visitas a la Francisco Sarabia y Villitas 0 y 2, y todavía más antes en La Joya, Renacimiento y Aserradero, la vocación izquierdista de este poblado, no solo en la asistencia, sino especialmente en el entusiasmo y la confianza, al margen de quienes sean las candidatas, porque la nueva fuerza política representa la aspiración tantos años postergada de mejoras en el nivel de vida.

La tarde nublada mejora la perspectiva porque el calor descienda varios grados, pero tal vez la amenaza de lluvia limita la asistencia, aunque de todos modos, ahí están los esperanzados habitantes de una ciudad emblemática de la heterogénea composición social de este rincón del país atentos a los mensajes y aplaudidores frente a ciertas ofertas alentadoras, como la de que la maestra Teresa López Hernández, candidata a diputada local, rentará una casa en Morelia para dar albergue a quienes vayan allá a realizar algún trámite y carezcan de recursos para regresarse el mismo día.

No se ve ahora aquella asistencia a los actos de campaña en el mejor de los casos curiosa que se arrimaba a los mítines de los partidos para “ver que traen”, ni tampoco los que esperan algún regalo de los candidatos, como se volvió costumbre prácticamente de todas las fuerzas electoreras en ese envilecimiento de la política que la parte sana de la sociedad quiere desterrar, ni los rostros del miedo, ni la indiferencia. Todos reflejan ahora la esperanza de un cambio verdadero.

Un factor que además forma parte del nuevo escenario lo constituye la composición de las brigadas de morena y su fervor contagioso. Nadie les dio un estímulo para que al repartir la propaganda e invitar a las reuniones expliquen con pasión, señalen como empeño, aclaren con conocimiento de causa, todas las dudas de los ciudadanos. Van de casa en casa invitando, platicando, convenciendo y además sonríen con franqueza juvenil, porque buena parte de sus integrantes son muchachos y muchachas que no habían estado jamás en una campaña.

Suben las calles empinadas, pasan por el lodo y en pendientes resbalosas, se enfrascan en la tarea de convencer sin quejarse de las condiciones del lugar. Llevan sin embargo una casaca guinda con un enorme distintivo en la espalda que dice “Morena”. Ese simple hecho les abre muchas puertas, porque gran parte del pueblo pobre, aun el indiferente, tiene la sabia intuición de distinguir de donde viene la sinceridad.

Hay en esos grupos nuevas amistades fincadas en el fragor de una lucha por el cambio que seguramente perdurarán más allá del primero julio, pero lo más alentador será que esos jóvenes, una vez fogueados en esta campaña, se conviertan en los nuevos dirigentes de una fuerza renovadora que haga posible la cuarta transformación, porque la frescura, el ánimo, la alegría e incluso a veces la inocencia, son mil veces mejores que las marrullerías, el dolo, la diatriba, las mentiras, y las corruptelas de una generación de políticos de prácticamente todos los demás partidos que deben desterrarse para siempre.