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updated 7:14 PM PDT, May 22, 2017

Factores comunes, niños adictos

Por Ernesto Salayandia García

Mal de muchos….

El alcoholismo, por décadas ocasionó la decadencia de los hogares, por muchos años, la mujer, se mantuvo sumisa, aunque neurótica, era un cero a la izquierda ante el machismo del conyugué, había violencia física y emocional, una pésima comunicación entre todos los miembros de la familia, ausencia de valores, ausencia de Dios y reinaba en el borracho, una negación radical, total, la quincena se iba por el drenaje de la cantina, todo el dinero servía para alcoholizarse mañana y noche, los hijos de estos alcohólicos, de hace 40 o 60 años, crecieron con severos daños, por supuesto, con la auto estima baja, miedos, traumas, resentimientos, complejos, fueron, muchos, candidatos al fracaso, al sufrimiento emocional y los que no repitieron patrones de conductas de su padre borracho, se hicieron neuróticos establecieron otros tipos de adicciones y conductas, de ahí, el inicio de la época de los divorcios, de los enfermos mentales y emocionales, fueron niños a los que no se les enseño vivir en armonía, no tuvieron ejemplo de amor, de respeto, ni de paciencia, ni prudencia, se hicieron niños inestables emocionalmente, se les dio una guía incongruente de cómo tratar a la esposa, como un objeto, como un cero a la izquierda, sin principios éticos y morales, sin valores, ni convicciones dignas de cualquier ser humano, de esta manera, el alcoholismo en los últimos 60 años, marcó la pauta del desmoronamiento del hogar, nefastamente un borracho, hundió a todos su familiares y parientes cercanos, en esta decadencia palpable en hogares y en la sociedad…

El alcoholismo es una droga

Fui testigo de la ignorancia de muchos enfermos que se consideraban alcohólicos puros, con un solo estigma, decían, solo alcohol, rechazaban a los marihuanas, fármaco dependientes y drogadictos en general, no consideraban al alcohol, como la droga más antigua en el mundo, no reconocían que es el alcohol, la sustancia toxica que mayor número de muertes causa en el mundo, no veían, el detonador social que es el alcoholismo y en cierta manera, los adictos, los drogadictos como que apestábamos, no cabíamos en sus grupos, muchos abandonaban la junta cuando un adicto usaba la tribuna, otros se daban media vuelta, destilando indiferencia, soberbia y discriminación ante un enfermo, supuestamente a ellos, diferente y con otros estigmas, recuerdo las injusticias, las indiferencias con sobrada actitud soberbia, no éramos los drogadictos parte de este programa maravilloso de AA, ello, en la mentalidad de algunos. Fui testigo de cómo un borracho puro, era un vil hipócrita, únicamente había tapado la botella, se suministraba tafil y anti depresivos, vivía solo, divorciado, fracasado ante la vida, amargado y lo único que le daba vida, era apadrinar a fuerzas a los recién llegados, sintiéndose, a caminar por la junta como pavo real, el padrino de padrinos, háganse a un lado que voy a pasar. Es lo mismo, un borracho de puro alcohol, que ya no los hay, es una raza en extensión, que el peor de los drogadictos, somos copias al carbón, hermanos del alma que solo cambiamos de personas y de escenarios, la enfermedad, está a flor de piel igual para todos.

La enfermedad sigue siendo la misma

Esta enfermedad, la mía, es una enfermedad perra, brava, compleja, burlona, sutil, progresiva, incurable, mortal, contagiosa, no es solo para los alcohólicos puros, comprende adictos a todo, desde sustancias hasta conductas toxicas, adictos, ahora a la tecnología, a los espejos. Adictos a los cultos, los gimnasios, casinos y todos, somos hermanos del mismo dolor, el origen es el mismo, parte de nuestra compulsión, de la ansiedad y sobre todo, de la adrenalina impulsada a chorro desde el fondo de mi ser, es lo mismo, quedarse tirado en la banqueta después de haber consumido un litro de vodka que quedarse tirado en la lápida a un lado de las vías del tren, después de haberse fumado cinco churros de mota, la sustancia es lo de menos, son los síntomas y los patrones de conducta los que pueden marcar la diferencia, todos nos causamos daños similares, en dientes, piel, huesos, riñones, hígado, pulmones, cerebro, corazón, de igual manera las consecuencias son similares, como el quedarte solo, sin dinero y lleno de deudas, broncas por donde quiera, socialmente un drogadicto, es tachado de mentiroso, mal hecho, holgazán, conformista, mediocre, irresponsables y tantas etiquetas más que impiden su recuperación, no son de confiar, te roban, te defraudan, tarde que temprano, te hacen daño, cuando salen de un centro de rehabilitación, salen con muchos propósitos, con sueños, pero se enfrentan a la cruda realidad de regresar a un hogar disfuncional, al mismo barrio, sin oportunidades, ni de estudio ni de trabajo, no encajan en los grupos de auto ayuda de AA, y a las primeras de cambio, regresan a los viejos moldes, a los mismos patrones de conducta y se prenden de la sustancia de impacto o usan otras nuevas.

Sentenciados a perder

Tal pareciera que estos adictos, menores de 17 años, hombres y mujeres, tuvieran una maldición, una sentencia al fracaso, para empezar, tienen una vida muy complicada, son rechazados por sus padres, repudiados por la sociedad, tachados como delincuentes en la comandancia, han recorrido todas las escuelas y no se han quedado en ninguna, son víctimas del abandono gubernamental que no quiere ver a la drogadicción como un problema de salud, un problema social que genera inseguridad, violencia, delincuencia juvenil y desintegración familiar, la actividad comienza a temprana edad, con la cerveza, marihuana, tabaco, y después toda la gama de sustancias toxicas, de esta manera son sometidos a internamientos de tres, seis o hasta un año en centros de rehabilitación, por desgracia, de cada diez egresados de un anexo, 9 recaen y no salen del hoyo, crecen de un anexo a otro, de un proceso a otro, se hacen viejos, tocan fondos, cada vez las consecuencias son más drásticas y aun así, no quieren, no aceptan ni se rinden ante la sustancia, en su conjunto, las adicciones son un claro reflejo del desmoronamiento social.

Las niñas heridas

En los centros de rehabilitación para niñas menores de 17 años, así como en el CERESO femenil de la ciudad Chihuahua, los historiales de las adictas, de las internas, son muy similares, el abuso sexual, desde el manoseo hasta la penetración, el sexo oral, desde muy temprana edad, acoso prolongado por varios años, más de cinco, en muchos casos, donde el abuelo, el padre, el hermano, el padrastro, el primo, sin olvidar el novio de la mama en turno, entre otros, visitaban de noche a estas criaturas inocentes, traumándolas, despertando su apetito sexual desmedido, generándoles un profundo daño mental, emocional y espiritual, empinándolas a vivir la vida con culpa y auto estima baja, niñas que fueron heridas salvajemente, llenas de miedo, de pánico y que esas heridas profundas del alma, no las han podido sanar, ni trascender, otra característica , es que son hijas de madres solteras y muchas madres se fueron del hogar con él novio en turno, las abandonaron y las dejaron al cuidado de la abuela, crecieron ausentes de padres, ausentes de madres, carentes de amor y de un buen ejemplo, desde pequeñas tuvieron contacto sexual, con uno y con otro, se embarazaron sin saber quién era el padre y por supuesto que el hijo jamás habrá de conocer a su primogénito, su infancia, en la mayoría de ellas, se tiño de violencia doméstica, desigualdad, carencias y en cuanto opusieron, se hicieron vagas, de inmediato se prendieron del cigarro, la cerveza, la mariguana y el cristal, arruinaron su vida para siempre. Ante las adicciones, no hay alternativas de solución, cada vez tenemos más adictos desde temprana edad. Por tu atención, muchas gracias, This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. 614 256 85 20