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updated 7:58 PM PDT, Mar 22, 2017

Lo que tú quieres escuchar

Por Ernesto Salayandía García

Contradicciones respecto a la marihuana

Muchos jóvenes que están prendidos de la hierba, afirman que no es una droga peligrosa, que cuando ellos quieran, la dejan, que es medicinal, que no puede ser tan mala, cuando en muchos países y en un buen número de estados de la Unión Americana ya está autorizado su consumo, dicen que nadie se ha muerto de sobredosis, afirman que el cigarro atrofia más el cuerpo que la conocida mota y tienen firmes y variables argumentos para justificar su consumo, ante su negativa e ignorancia, les pregunto.- Tienes hermanitos pequeños?.- Sí, por qué.- Tienes sobrinos chiquitos?.- Sí por qué?.- Fumarías delante de ellos marihuana?. Claro que no?.- Por qué?.- Pues porque es malo.- Y entonces?.- Por qué fumas? Mira, les digo, tu problema no es la droga.- No? El problema eres tú mismo.- Porque te levantas después de las doce del mediodía, porque dejaste la escuela y no haces nada, ni estudias, ni trabajas, porque eres explosivo, mecha corta, no se te puede decir nada, porque de inmediato explotas, porque tienes problemas de comunicación con tu familia, porque has descuidado tu imagen, tu persona, te has abandonado a ti mismo, porque te juntas con pura gente mediocre y fracasada, sin presente ni futuro, porque no tienes una relación de pareja estable?, sabes por qué?, porque tú eres inestable, un enfermo emocional que no quiere ver su realidad y se fuga en la droga; claro que les molesta mis comentarios y lo que quieren escuchar es, como equivocadamente piensan muchos padres.- No hay de qué preocuparse, es parte de la edad, algún día van a dejar de consumir….. Si, como no.-

Chicos de Hoy: Inútiles, irresponsables, irreverentes, intocables, irritables (Segunda y Última Parte)

La ignorancia, miopía social y gubernamental

Hace tiempo, me prohibieron dar el mensaje en una secundaria, yo deseaba hablar con esos niños y transmitir mi propia vivencia, exponer mis argumentos de que si el adicto nace o se hace, de brindar las características de un adicto y de motivar a los estudiantes a participar en mi exposición.- No te puedo permitir que entres a la escuela, porque tu presencia de ahora, no es congruente con el historial que dices, te ves demasiado bien para decir que te tomabas una botella diaria de vodka, te ves súper bien, para decir que inhalabas de 10 a 15 pases o más de cocaína al día, que te inyectabas morfina sintética, te ves muy bien, como para que los chavos te vean y piensen que si tu saliste de esa adicción compulsiva, ellos también podrán salir si entran en las adicciones al alcohol y las drogas.- Simplemente, no tuve acceso a esa escuela. No es así, vivo de milagro, solo por la gracia de Dios, tengo un cuerpo severamente dañado, tengo mucho dolor en mis huesos, quedé descalcificado, soy diabético, hipertenso, perdí mis dientes, tengo problemas de respiración, soy alérgico al cigarro y a las sustancias fuertes, me torno neurótico, a veces sangro por la boca, y si no me cuido, cada vez que voy al baño arrojo coágulos de sangre. Vivo de milagro y no comparto esta manera de pensar respecto a la enfermedad.

Chicos de Hoy: Inútiles, irresponsables, irreverentes, intocables, irritables (Primera Parte)

 

Por Ernesto Salayandía García    

No hay mal que por bien no venga

Por diez años Tomás Alba Edison intentó construir una batería de almacenaje de cargas eléctricas, sus esfuerzos mermaron en gran medida sus finanzas. En diciembre de 1914, una combustión espontánea en su estudio casi lo llevó a la ruina. En minutos todos los compuestos empacados para discos o cintas y otras sustancias inflamables ardieron en llamas. Aunque los departamentos de bomberos vinieron de ocho pueblos circundantes, el intenso calor y la poca presión de agua provocaron que fuera inútil extinguir las llamas. Todo quedó destruido. El daño excedía a los dos millones de dólares, los edificios de cemento que se consideraban construidos a prueba de fuego, estaban asegurados apenas por la décima parte de esa cantidad. Charles, el hijo del inventor, buscó con desesperación a su padre, temeroso de que su espíritu resultara dañado. Finalmente lo encontró contemplando con serenidad el fuego, su rostro resplandecía mientras reflexionaba. “Mi corazón se dolía por él”, decía Charles. “El tenía sesenta años, ya no era un joven y todo ardía en llamas. “En la mañana siguiente, Edison contempló las ruinas y exclamó: “Hay algo valioso con el desastre. Se quemaron todos nuestros errores. Gracias a Dios podemos comenzar de nuevo. “Tres semanas después del incendio, Edison se las ingenió para inventar el primer fonógrafo.”

El Armario OBSOLETO (Segunda y Última parte)

No es sano reprimir emociones…Te intoxicas  

Uff, el pobre billete contaba y contaba todo lo que había en ese armario para no aburrirse, así como cuando vas al doctor o cuando un mediocre funcionario te hace hacer una antesala maratónica, y no hay nada agradable que leer en ese lugar, por lo que te pones a contar las rayitas del piso, los cuadritos del techo… ¿o no? Cuantas cosas absurdas e inútiles he guardado durante toda mi vida, ahora, con tantos cargadores y celulares que no uso, ropa que ya no me queda, cuadros, zapatos y tanta porquería que voy almacenando y almacenando, como en ese armario que describió acertadamente el billete de mil pesos con una carátula con la imagen de Sor Juana y del otro lado, la plaza de Santo Domingo de la ciudad de México. Ahora junto y junto mensajes, con la diferencia de que también archivo y reenvío un buen número de mensajes que me llegan. Los guardo y los comparto, como el siguiente texto de Joseph Newton.

Te juro que no vuelvo a beber alcohol. Lo juro (Segunda Parte)

Por Ernesto Salayandía García

Los jueves eran de dominó

Armábamos dos meses, de cuatro personas cada una, no nos bastaba haber jugado dominó en El Mirador, en las rejas de Chapultepec o en la G. de la Guerrero y haber terminado como arañas fumigadas por lo menos dos veces a la semana, todos teníamos factores en común, los ocho o diez que nos juntábamos, éramos jóvenes, no mayores de 25 años, recién casados, hijos de papi o empresarios, junior´s; éramos bien borrachos e irresponsables, todos fumábamos como chacuacos y nos venía valiendo monjas la vida, normalmente comenzábamos a jugar a las 9 de la noche, nos surtíamos de cerveza, tequila, Bacardí, patas de elefante en aquel entonces y de cigarros, terminábamos cerca de las ocho de la mañana, la mayoría hasta las chanclas, unos vomitados, otros medio dormidos y todos borrachos, en mi caso, me quedaba dormido todo el viernes, para mí, eso era lo normal, vivir de noche, dormir de día, y a esa edad mi problema con el alcohol era notable, las consecuencias no se dejaban aflorar, los pleitos constantes con mi primera esposa, la carencia económica, lleno de deudas y con los sueños de pompa y poderío, era yo director general de un periódico diario, El Heraldo de Toluca y lleno de glamur, de soberbia, me las vivía de cantina en cantina, de restaurant en restaurant, decía.- Los mejores negocios se hacen en las cantinas.

Te juro que no vuelvo a beber alcohol. Lo juro (Primera Parte)

Por Ernesto Salayandía García

Los jueves eran de dominó

Armábamos dos meses, de cuatro personas cada una, no nos bastaba haber jugado dominó en El Mirador, en las rejas de Chapultepec o en la G. de la Guerrero y haber terminado como arañas fumigadas por lo menos dos veces a la semana, todos teníamos factores en común, los ocho o diez que nos juntábamos, éramos jóvenes, no mayores de 25 años, recién casados, hijos de papi o empresarios, junior´s; éramos bien borrachos e irresponsables, todos fumábamos como chacuacos y nos venía valiendo monjas la vida, normalmente comenzábamos a jugar a las 9 de la noche, nos surtíamos de cerveza, tequila, Bacardí, patas de elefante en aquel entonces y de cigarros, terminábamos cerca de las ocho de la mañana, la mayoría hasta las chanclas, unos vomitados, otros medio dormidos y todos borrachos, en mi caso, me quedaba dormido todo el viernes, para mí, eso era lo normal, vivir de noche, dormir de día, y a esa edad mi problema con el alcohol era notable, las consecuencias no se dejaban aflorar, los pleitos constantes con mi primera esposa, la carencia económica, lleno de deudas y con los sueños de pompa y poderío, era yo director general de un periódico diario, El Heraldo de Toluca y lleno de glamur, de soberbia, me las vivía de cantina en cantina, de restaurant en restaurant, decía.- Los mejores negocios se hacen en las cantinas.

Un mar de incongruencias

En estas fechas de calor intenso de fuertes temperaturas, me sentaba frente a la chimenea y la prendía a todo lo que daba, llena de troncos, colocaba a mi Bebo, un hermoso perro salchicha negro, a un lado, mi vodka y mi perico de cocaína, a veces me fumaba un puro Montecristo, y mientras el fuego se consumía, yo pasaba horas enteras echando leños, y hasta ropa de mi mujer y cosas mías; eran tardes, días y noches de loquera, de mucha soledad y de un intenso dolor en el pecho, un vacío espiritual enorme, totalmente ausente de mí y no podía parar, entre más consumía, más quería, estaba en una zona de confort, en la rutina diaria, hundido en depresión, justificando mis tragedias, sin darme cuenta que la vida se estaba extinguiendo, yo estaba muerto en muchos sentidos y cada día moría más en otras cosas, era una muerte lenta y segura, cruel, unas veces lloraba cada vez qué empezaba a inhalar cocaína, porque sabía que en días enteros no iba a poder parar, que me tenía que atascar hasta quedar como idiota, propiamente congelado sin poder moverme, sin poder hablar, claro, sin dormir, ni comer, anestesiado en todos los sentidos…

La Saliva del Diablo, una maldición

Por Ernesto Salayandía García

Tengo que acordarme

Andábamos mi mujer y yo de luna de miel en Acapulco, hará cosa de unos 23 años y meses, yo tenía mucha resistencia, bebía como esponja, me metía las conocidas ampolletas, las Coronitas acompañadas de mi tequilita hornitos, pa que amarre, le decía al mesero, y desde temprana hora, comenzaba a empinar el codo, no era un mala copa, no lo era, al menos que apareciera mi celotipia infernal, esa tarde, en un atardecer precioso, fuera de serie, unas costeñas comenzaron a hacerle trencitas a mi esposa y entre trenza y trenza, yo me  atascaba de cerveza y tequila, hasta que llegó el momento en que el alcohol comenzó a dañarme el sano juicio, si es que lo tenía, comencé a hablar puras estupideces, a desvirtuar la realidad, haciéndome el chistosito, me acuerdo que a las dos chamaquitas, les ofrecí ponerles un negocio en Chihuahua, yo, en mi borrachera, ya me hacía lleno de franquicias con negocios para hacer trencitas, tipo Bo Derek, mi mujer, a sus 21 años, nomás se reía de la serie de estupideces que yo decía y más aún, que yo me las creía; en esos años, yo ya tenía un serio problema por mi manera de beber y por mi fuerte dependencia a la cocaína.

El gran embudo, la ludopatía

Por Ernesto Salayandía García

Un lamentable error, haber legislado la ley de juegos y sorteos

Mi padre, Don Domingo Salayandía Nájera, Presidente de la Agrupación Nacional Periodística ANPE, desde los inicios de esta institución, año con año, se pronunciaba por permitir la presencia de casinos en puntos estratégicos dentro del territorio nacional, sitios emblemáticos para atraer el turismo, él, Don Domingo, sostenía la idea de que los casinos eran un dinamo generador de dinero y que éstos ingresos deberían favorecer a los municipios, peleando siempre en uno de sus estandartes, el municipio libre, solido e independiente, argumentaba que los casinos, no eran para todo público, como sucede ahora, cada persona debería de acreditar sus ingresos anuales y fijarle una cantidad máxima para apostar, no contemplaba, como sucede ahora, que los jóvenes menores de 25 años ingresaran a las salas de juego, le ponía candados a todos aquellos que pudieran adquirir la enfermedad, la adicción al juego, ludopatía, ésta iniciativa de ANPE, fue entregada al Presidente de la República en turno, desde Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, el texto se modificaba año con año con la aportación de periodistas de toda la república, tenía un sentido nacionalista, genuino, totalmente contrario a la autorización que se dio, sin tomar en cuenta muchos factores que hoy dañan a la nación entera; tenemos un serio problema de ludopatía en todas partes, mujeres enfermas de sus emociones que son capaces de prostituirse para seguir en el juego, con la idea de “reponerse”. Los casinos no les dan utilidad a los municipios, cualquier persona puede entrar y perder su ingreso mensual, quedarse prácticamente sin nada, porque no hay filtro para ello.

Ludopatía

Es una enfermedad física, mental, emocional, espiritual y de la personalidad, es progresiva, incurable, mortal, también, es sutil, burlona, cruel, contagiosa, no distingue edad, ni sexo, ni posición socioeconómica, es una enfermedad que destruye familias, extermina al ser humano, lo convierte en mitómano y se hace adicto a sustancias tóxicas, por la pérdida de dinero, provoca depresión, el ludópata se torna neurótico extremo y es una verdadera decepción convivir y escuchar a una persona secuestrada por el juego. No estamos preparados para atender esta adicción y sacar adelante a la persona, no hay por parte de nadie, un programa de prevención, ni de rehabilitación, ingenuamente cualquier persona puede entrar al casino y perderlo todo en unos cuantos minutos, el caso, es que entre más se juega, más se pierde, y entre más se pierde, más se juega y es el cuento de nunca acabar.

Mujeres mentirosas

A las 10 u 11 de la mañana, los casinos están llenos, a reventar, la mayoría, son mujeres jóvenes, adultos mayores y estudiantes, las amas de casa, se gastan el dinero de la luz, el teléfono, el agua, las colegiaturas, la despensa, llegan a empeñar sus joyas y aparatos electrodomésticos, entran en el juego, dé: - en esta me recupero.- Pierden una fortuna, pero siguen ahí, prendidas de la maquinita con la esperanza de “recuperar” lo perdido, les da por invitar incautas, supuestas amigas a las que también contaminan y se hacen adictas al juego, pasan horas y horas, como todos los clientes enfrente de una maquinita o jugando y apostando a diversos juegos de azar, las que aún tienen marido, se burlan de ellos.- Estoy en una junta en la escuela, te marco en cuanto termine.- Tuve que acompañar a Julieta mi amiga al doctor.- Estoy en tránsito a ver cuánto debo de infracciones.- Me están poniendo las uñas y voy a tardar como dos horas, yo te llamo.- No te había hablado, me quedé sin pila. Y bla, bla, bla, mentira tras mentira, el ludópata no se da cuenta de la enfermedad, hasta que empieza a sufrir las consecuencias, a tocar fondos y a registrar pérdidas, pierde la confianza de su pareja, abandona a sus hijos, pierde la credibilidad con tantas mentiras, pierde los ahorros y gasto diario, pierde propiedades, y pierde su dignidad; hay fondos crudos, desagradables, te quemas pidiendo dinero prestado y das tu palabra de pagar, pero no puedes, las puertas se cierran y entras en un verdadero dilema.

Yo soy ludópata

Perdí en las apuestas de gallos una verdadera fortuna, borracho apostaba hasta lo que no tenía. Cometí muchos errores en mi vida, errores garrafales, como juntarme con gente  enferma, como sentirme el Juan Camaney, igual, como el vivir para los demás, el tratar de caerle bien a la gente buscando su aprobación, ahí puedes verme sentado en el anillo del palenque, con mi texana, botas vaqueras y traje ranchero, cinto piteado y toda la cosa, a un lado, la botella de coñac y rodeado de corredores, toda una tranza bien orquestada, me drogaban para que perdiera el sano juicio, algo le ponían al coñac y mi comportamiento era propiamente de un idiota, me tenían que sacar, sin dinero, quebrado y de aguilita, con esa euforia falsa; me fui a Monterrey, a Aguascalientes, Texcoco, Ciudad Juárez  y a otros lados, a perder y a perderme en el alcohol y las apuestas. Tenía esa ansiedad, me dominaba la compulsión por apostar, a pares y nones, al póker, a los gallos, hasta a los volados; las noches tenían un encanto falso, dormía todo el santo día y me despertaba con la ilusión de recuperarme, pasan las ferias y me quedaba ensartado, lleno de letras por pagar y por meses adelantados, mi casa era un desfile de personas que iban a cobrarme, ahora, gracias a Dios, puedo estar en un palenque y no apuesto, puedo entrar a un casino, puedo jugar algo de dinero y logro detenerme, mi ludopatía, al menos solo por hoy, está controlada, me encantan las carreras de caballos, las peleas de gallos, la ruleta y el Black Jack, pero como los buenos aficionados, de lejos se ven los toros.