Reforma Electoral, cuando la política se divide
Por Lic. Julio César Zamudio
Director Corporativo Mercadotecnia de México
En toda democracia madura, las reformas electorales representan uno de los temas más delicados y trascendentes para la vida pública del país, no se trata únicamente de modificar leyes o ajustar procedimientos administrativos, se trata de redefinir las reglas bajo las cuales se ejerce el poder político, por esa razón, cuando una reforma electoral no logra el consenso necesario para ser aprobada, el mensaje que deja es claro, aún no existe un acuerdo político suficiente sobre el rumbo que debe tomar el sistema democrático, y es que, la reciente discusión en torno a la reforma electoral volvió a evidenciar esa realidad, la división entre fuerzas políticas, incluyendo el voto en contra del PT y del PVEM, dejó claro que el proyecto no logró reunir los consensos mínimos necesarios para avanzar, sin embargo, lejos de representar un punto final en la discusión, esta situación debería interpretarse como una oportunidad para replantear el debate desde una perspectiva más incluyente y constructiva, y es que, cuando una reforma de esa naturaleza no prospera, la política responsable no consiste en insistir de manera obstinada en el mismo planteamiento, ni tampoco en abandonar el tema, lo que corresponde es abrir un nuevo camino, construir un segundo plan, dicho plan no significa improvisar una propuesta alternativa de manera apresurada, significa reconocer que el sistema electoral mexicano, como cualquier sistema democrático, puede y debe mejorar, pero que dichos cambios deben surgir de acuerdos amplios y de una visión de Estado que trascienda los intereses partidistas del momento.
Primeramente, hay que reconocer que hay varios diputados y diputadas plurinominales los cuales llegaron a través del boom de Andrés Manuel López Obrador y se eternizaron reeligiéndose y que actualmente siguen algunos vigentes, unos supuestamente llegaron defendiendo los derechos de los indígenas pero es falso, cuando llegaron estos diputados federales se les olvidó que antes usaban huaraches en su pueblo y se les olvidó de donde procedían, olvidándose también de sus propios compañeros indígenas, no ha sido sino más que satisfacerse ellos mismos de manera personal y aprovechándose del poder que ostentan como tal, algunas otras llegaron supuestamente representando el poder a los lisiados, pero son la misma basura, no son políticos de las 24 horas ni de los 365 días del año, no son tampoco políticos, son diputados y diputadas improvisadas, muchos de ellos de la 4T, otros y otras supuestamente defienden los derechos de los maestros pero es lo mismo, resultaron ser burros y burras y no saben siquiera describir una iniciativa, simplemente, se está tirando un dinero a la basura con los diputados y diputadas plurinominales de todos los partidos políticos que no saben escribir, leer, no tienen modales, educación ni vergüenza, no hablan con propiedad, su vocabulario y actitudes deja mucho que desear y la de sus asesores peor aún, son estudiantillos recién egresados o personal nuevo que no saben para que pueden servir en Cámara de Diputados, recuerden algo, cuando un diputado o diputada te regala algo no sale de su bolsillo sale del dinero que les otorga la Cámara de Diputados y les exige factura de lo que compran para que lo regalen dependiendo su comisión que representen, los y las plurinominales ya no deben estar en el año 2027 porque no saben hacer absolutamente nada y para tener borregos en Cámara de Diputados mejor que se queden en su corral, porque los plurinominales no son líderes y tampoco saben legislar, de hecho, no representan a nadie, ahora bien, retornando al tema de la reforma electoral lo que se debe hacer en concreto es fortalecer la participación ciudadana, no necesitas los votos cuando tienes el respaldo de la ciudadanía, hay que recordar una cosa, la democracia no se limita a la competencia de los partidos políticos, también depende de la confianza que los ciudadanos depositan en las instituciones y en los procesos electorales, es por ello, cualquier reforma futura debe incluir mecanismos que amplíen la participación de la sociedad en la vigilancia de los procesos electorales, fomenten la transparencia y refuercen la rendición de cuentas, una democracia sólida no solo se construye desde los partidos, sino también de la ciudadanía, un verdadero segundo plan debería abrir la discusión más allá de los espacios tradicionales de decisión política, universidades, organizaciones civiles y centros de investigación tienen mucho que aportar a la construcción de una reforma equilibrada y técnicamente sólida, la discusión sobre la reforma electoral no debe cerrarse con la votación reciente, al contrario, debe abrir una nueva etapa de reflexión política, más que insistir en una reforma que no logró consenso, el país necesita una nueva ruta, me refiero a un segundo plan que privilegie el diálogo, la eficiencia institucional y la participación ciudadana, porque en democracia, cuando una puerta se cierra, la verdadera política consiste en encontrar un camino mejor para abrir la siguiente.






