Medida nacional… Por el calor
Por Dr. Salvador García Espinosa
Como resultado de la LXVI Reunión Nacional Plenaria Ordinaria 2026 del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU), celebrada el pasado 7 de mayo, se anunció que la conclusión del ciclo escolar se adelantará para el próximo 5 de junio y no el 15 de julio, como inicialmente estaba programado, para reanudar el próximo ciclo escolar el 10 de agosto.
Por las implicaciones inherentes al cuidado de los niños y niñas, sobre todo si el papá y la mamá trabajan; en lo económico, porque la suspensión de clases impacta negativamente en el uso del transporte público, así como en ventas de diversos comercios y servicios; de forma inmediata la propuesta, para que casi 30 millones de alumnos tuvieran un mes más de vacaciones, detonó en inconformidades y presiones para modificar dicho acuerdo.
Lo relevante del caso, para el tema de esta columna, es el hecho de fundamentar, aunque sea parcialmente, dicha medida como una estrategia por la intensa ola de calor que afecta a México. Argumento resulta verosímil si se considera que, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, durante los próximos días se espera una onda de calor con temperaturas máximas que pueden superar los 50 °C en el norte de Baja California y Sonora, los 45°C en otras entidades y lo 40 °C en Yucatán y Campeche; por lo que se deben tomar medidas de protección para los grupos más vulnerables de la población. Este fenómeno se debe a la presencia de un anticiclón en niveles altos de la atmósfera, el cual favorece un ambiente diurno muy caluroso sobre el noroeste, norte, noreste y occidente de la República Mexicana.
Si nos ubicamos dentro del hemisferio del optimismo, propongo hacer un esfuerzo para evitar las distracciones de naturaleza política y considerar, por un momento, que la preocupación por el clima y sus afectaciones a la población, especialmente a la considerada como vulnerable (niños y ancianos), sea verídica y significativa.
En consecuencia, para lograr una protección más efectiva y de impacto a largo plazo frente al clima caluroso, sería pertinente decretar una campaña nacional para incrementar el número de árboles en todas las ciudades de México. De forma tal que, durante este verano y los próximos, se puedan garantizar mejores condiciones ambientales para los habitantes de las urbes.
Seguramente, tal y como está ocurriendo con el tema educativo, las diferencias partidistas se impondrían para asumir acuerdos estatales o por ciudades. Así que, sin abandonar el objetivo y el optimismo, propongo que quienes aspiran a ocupar un puesto de elección popular integren entre sus propuestas el incremento de áreas verdes y el número de árboles de la ciudad en la que viven. Dicha iniciativa debería instrumentarse a partir de modificar leyes y reglamentos referentes a las donaciones; encabezar iniciativas ciudadanas para plantar árboles en parques, así como para la transformación de algunas vialidades en zonas verdes y arboladas. Esto, en verdad, cambiaría la vida de miles de habitantes al ofrecer mejores condiciones ambientales.






