
* Actor en la empresa portuaria reflexiona sobre el impacto de los proyectos inconclusos.
Por Francisco Rivera Cruz
Para comprender la metamorfosis del enclave industrial y marítimo de Puerto Lázaro Cárdenas, es imperativo recurrir a la memoria testimonial de quienes atestiguaron su nacimiento. Rigoberto Contreras Navarro, ingeniero industrial egresado del Instituto Tecnológico de Morelia e hijo de un exalcalde de Apatzingán, comparte un recorrido conceptual por los cimientos, la evolución y las coyunturas no consolidadas que marcaron el destino del complejo siderúrgico de la región.
En charla con Gente del Balsas, Contreras Navarro recordó que tras iniciar su trayectoria profesional en el complejo industrial IUSA en el Estado de México, dirigió su visión hacia la naciente potencia siderúrgica del pacífico michoacano, la Siderúrgica Lázaro Cárdenas, después Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas (Sicartsa).
A su llegada, el panorama era distinto al de la actual plataforma logística global: Lázaro Cárdenas operaba como un polo de desarrollo puramente industrial, sin haber ingresado formalmente al comercio marítimo internacional.
El recinto portuario mantenía un esquema embrionario, con espacios sesionados estrictamente para insumos industriales: la recepción de minerales para la industria acerera, un sector acotado para combustibles de Pemex y una terminal asignada a Fertinal.
El plan maestro original de Sicartsa contemplaba una visión integral dividida en cinco grandes etapas y filiales interconectadas: Productos Largos, Productos Planos, NKS (Nippon Kokan Steel), PMT (Productora Mexicana de Tubería) y Fertilizantes Nacionales (Fertinal).
No obstante, el proyecto enfrentó serios frenos de desarrollo: La segunda etapa (Productos Planos) ni siquiera llegó a terminarse bajo el esquema estatal unificado. La productora de tubos y la de fertilizantes, fueron proyectos separados.
Con el tiempo, las divisiones operativas se desincorporaron, transitando hacia la privatización con firmas como Ispat Mexicana y, posteriormente, la consolidación de ArcelorMittal.
Así que los proyectos componentes de valor agregado se vieron cancelados. Se proyectó la instalación de industrias complementarias alrededor del acero –como la manufactura de línea blanca–, planes que nunca se concretaron.
Contreras Navarro se incorporó en 1986 a Productora Mexicana de Tubería (PMT), una unidad competitiva de estándar internacional cuyo cliente prioritario en el ámbito nacional era Pemex. Ante las licitaciones públicas, la empresa nacional competía mano a mano contra consorcios extranjeros.
La calidad del producto elaborado en Lázaro Cárdenas permitió la exportación masiva de tubería a mercados internacionales como Trinidad y Tobago, Argentina –hacia donde zarparon más de siete embarcaciones cargadas con insumos mexicanos– y los Estados Unidos. Sin embargo, en el mercado estadounidense, la competitividad de la tubería michoacana derivó en la imposición de barreras antidumping para proteger a los productores locales, afectando el volumen de exportación.
La ausencia del molino de la segunda etapa limitó la autonomía de la planta. Sin la producción local de la placa de acero requerida, la industria dependió del suministro externo, abasteciéndose de insumos provenientes de Altos Hornos de México (AHMSA) para mantener la transformación de tubería.
La retrospectiva analítica subraya una realidad persistente: la producción acerera nacional continúa siendo insuficiente para cubrir la demanda interna del país.
En la actualidad, aunque ArcelorMittal opera un complejo de gran envergadura en el puerto, no alcanza a solventar la totalidad de los requerimientos del mercado mexicano. Esta brecha se acentúa ante la crisis operativa de Altos Hornos de México; si bien existen anuncios sobre la llegada de un nuevo consorcio para la modernización e instalación de equipos, la fase de pruebas y arranque requerirá un periodo prolongado de transición, manteniendo a ArcelorMittal operando a su máxima capacidad.
Finalmente, este escenario deja expuesta la urgencia de mantener controles aduanales estrictos. La falta de supervisión rigurosa en las fronteras y puertos incrementa el riesgo de importación de aceros de baja calidad o que incumplan normativas de seguridad e higiene, hasta el extremo de ingresar materiales contaminados o con residuos de radiación que representan un riesgo para la salud pública y el sector industrial.
El ingeniero entre los puntos de reflexión incluyó la necesidad de que la ciudad se desarrolle en paralelo a su puerto, ya que encara deficiencias viales, de drenaje sanitario y otros que desencajan de la dinámica de ser asiento de un puerto progresista.






