¿Miedo que tus hijos caigan en adicciones?

0
565

Por Ernesto Salayandía García

Un marihuano muere antes de cumplir 25 años

La primera muerte, es con su formación académica, mata su  presente y su futuro, claudica a la escuela, nace la mediocridad y cae en el abismo del alto consumo, se hace inmune a la sustancias y entre ms fuma, más quiere,  muere su amor propio y respeto por sí mismo, se torna, inestable, ingobernable, neurótico, agresivo, muere en su convivencia y su relación familiar, es un tipo aislado, abandona la pulcritud e higiene personal, se abandona a sí mismo, muere en su autoestima, el marihuano, pierde la esencia de la vida, su sentido del humor, la comunicación y la convivencia, es el llanero solitario, muere, social y familiarmente, esta droga lo mata de muchas maneras, muere su sano juicio y es esclavo de sus trastornos mentales, después de la compulsión a la maldita hierba, ya nada es el igual, firma su sentencia de muerte, se convierte en un don nadie, nacido para perder, lleno de soberbia y criterios contarios al buen vivir y a la sana convivencia, es un tipo, por demás toxico, que no acepta que la marihuana le robo la vida y lo empino a vivir en sus miserias espirituales.-Es mediocre en toda la extensión de la palabra.-

Familias alcohólicas

Crisis económica, ausencia de valores, carencia de códigos educativos y de ética, malos ejemplos, herencias nefastas, emocionales y genéticas, mala comunicación, poca convivencia, amistades tóxicas, costumbres equivocadas,  influencias cibernéticas y de medios, identidades y personalidades falsas, apatía,  otros factores palpables, ponen en riesgo a la gran mayoría de las familias, no importa, si se es rico o pobre, indígena o menonita, de la clase media, baja o alta, no hay edad ni religión, esta enfermedad emocional agarra a todo el mundo por parejo, es una herencia genética que se ha venido trasmitiendo de una generación a otra, los niños nacen con una alta predisposición al alcoholismo y la neurosis,  nacen con ansiedad, que es la gasolina de las adicciones, son candidatos a caer en las garras de la perra, maldita enfermedad perversa del alma, La Saliva del Diablo, crecen, estos adictos en hogares disfuncionales y han de romperse tuti la madona por sus nefastas conductas toxicas que  no desaparecen en toda la vida, muchos de estos niños, de esta época, son nacidos para perder.

A que le tenemos miedo los padres

Miedo, a que los hijos fracasen, que abandonen la escuela, se pongan el uniforme del don nadie, del bueno para nada, del inútil, del fracasado, miedo a que la novia, o el novio, abuse de ellos, a que los utilice para beneficio personal,  en lugar de novio, lo convierta en chofer, secretario particular, en el mensajero,  lo lastime emocionalmente, por supuesto miedo a que, el vivales la embarace,  después, como en la mayoría de los casos, le dé la espalda, hay miedo a que nuestros hijos salgan dañados, nos dan miedo las malas amistades que por su simple aspecto nos dicen en qué pasos andan, y por instinto, sufrimos cuando no sabemos dónde están nuestros hijos, cuando no responden al celular,  estamos toda la madrugada con el Jesús en la boca, especulando que algo malo les sucedió. Por supuesto, pánico a que se conviertan en alcohólicos o drogadictos, adictos a la depresión y la pereza.- El miedo que también nos invade como padres, es que caigan en  cualquier adicción de conductas toxicas,, que se pierdan en el juego,  arruinen sus vidas, miedo a sus reacciones,  a la soberbia que caracteriza a muchos adolescentes, no sabemos comunicarnos, no ponemos límites, no nos enfrentamos a nuestros hijos por miedo,  es precisamente por miedo, que cometemos muchos errores, tenemos que recordar que detrás del miedo, no hay nada y debemos de fomentar una actitud positiva ante la vida.

Violencia engendra violencia

Muchos  marihuanos que conozco han sido capaces de golpear a sus madres y a sus padres, se tornan intocables, irritables, insoportables, no se aguantan ni a sí mismos, son neuróticos en potencia, déspotas, indiferentes, groseros, altaneros, egocéntricos, solo piensan en ellos, no tienen el más mínimo sentido de responsabilidad ni de contribución, son merecedores, todo lo quieren peladito y en la boca, servido en charola de plata, y si no es así, el desfile de reproches, quejas y berrinches no se deja esperar, son expertos en dramatizar, en exagerar a su conveniencia las cosas, pero jamás aceptan su rol, debido a que carecen de humildad y de honestidad, son adolescentes conflictivos cuyo camino sin duda es el fracaso total, como pareja, como amigo, como estudiante, como trabajador, debido a su estructura mal encausada, muy lejos del respeto a ellos mismos y en sí a todo su entorno, y cuando un joven es rebelde, no se puede decirle sus verdades, porque es como si le echáramos gasolina a la hoguera, y lo que nunca se había visto, ahora se ve en muchas casas, estos niños marihuanos, dan de patadas en las espinillas a su mamá, retan a golpes a sus papás y son extremadamente violentos, la droga los trasforma en neuróticos intocables. Su pensamiento es cuadrado, sin ninguna posibilidad de que cedan. Confirmando que el hostigamiento, la represión, el obsesivo control, los tonos, las palabras ofensivas, el diálogo neurótico, no son buenos ingredientes para la relación entre padres e hijos.

No conozco ningún padre que quiera el mal para su hijo

Tuve una grata  experiencia con un niño de siete años de edad, me inspiró mucha ternura, tenía dificultad en su lenguaje, la lengua no le respondía al ritmo de su mente, titubeaba y se trababa con lo que quería pronunciar, reflejaba tristeza, sus hombros caídos sus huesitos de la espalda, salidos, su vocecita bajita, desganado y ahí al lado de él, en mi estudio, sentados con mucha atención estaban sus padres, cuidando al hermanito que brincaba de un lado a otro, pude apreciar en las miradas de los papás, su dolor y frustración, pero a la vez, su esperanza en que su hijo tuviera alguna mejoría en su dicción, muy atentos a los ejercicios que empezamos a hacer, los padres se mostraban más que satisfechos con mi trabajo. En un tiempo muy breve, el niño mejoró su postura, ampliando su tórax,  permitiendo que entrara más aire a sus pulmones, jugamos un poco con ejercicios de lengua y trabalenguas, una y otra vez, el niño y yo, nos ganábamos la aprobación de sus padres, palpé el amor y el interés que uno como padre busca para sus hijos y recordé muchas cosas, millones de cosas que mi padre hizo por mí y por mis hermanos, reflexioné también en que hago el mayor de mis esfuerzos por el bienestar de mis hijos, una clave es sembrar confianza en ellos mismos y permitir que crezca su autoestima.

He perdido muchos de mis miedos

Hace algunos años, mi actitud hacia mis hijos adolescentes de 14 y 16 años, era de fomentarla mis   miedos, tuve tanta información, empezando por mi propia vida respecto a las drogas, conocí infinidad de historiales, testimonios de drogadictos y drogadictas, que me daba pavor que mis hijos consumieran cualquier sustancia,  cometí el error de hostigarlos, cada madrugada en cuanto llegaban a casa los olía profundamente, husmeaba sus carteras y ropa, no estaba yo tranquilo, ni contento con sus amistades, mi mente generaba que se intoxicaban como yo, hasta el cansancio amenacé muchas veces, junto con mi mujer, a hacerles antidoping, nuestros diálogos eran neuróticos, controladores, autoritarios, de sobre protección, nos daba pavor que cayeran en el pantano profundo de las adicciones, yo podía leer el mensaje de muchos de sus amigos, incluso mis propios hijos me confiaban, este usa mota, esta usa cocaína, y yo seguía con mis miedos,  entre más miedos, más pésima comunicación. Luego seguí aprendiendo de las emociones y me aboqué a confiar totalmente en mis hijos, crecí espiritualmente, cambié mi manera de pensar,  me alejé de los miedos, cuando comprendí que la droga es una elección de cada quien, y si mis hijos, eligen ese infierno, ellos saben perfectamente lo que les espera, cada quien traza su propio destino.-

Predicar con el ejemplo

Ahora, mis hijos, Chan de 26, Gabo de 25, Neto de 20 y Andrea de 17, viven momentos agradables, sin aquel padre neurótico, violento, miedoso, hostigador, sembrador de miedos, hoy, tienen suficiente información, sobre conductas toxicas y adicciones,  que les trasmito en mis experiencias diarias, platico con ellos de mis eventos y servicios, incluso cada vez que se puede van a escuchar mi testimonio a escuelas, a grupos de auto ayuda, empresas, CERESOS y a infinidad de partes, sé que no debo de decir de esta agua no he de beber, paro también sé muy bien, que más vale prevenir que lamentar,  más vale crear costumbres que corregir mañas, ellos saben ahora el gran daño que representa el cigarro, que es una droga escalonaría, un asesino silencioso, saben que están propensos a caer en las garras de las enfermedades emocionales, que no solo es alcohol y drogas, que están en la antesala de la depresión, la neurosis, la compulsión, los trastornos de ansiedad, saben lo que yo sufrí y el daño que les hice a los míos, y ahora, perdí mis miedos en ese sentido, he cambiado demostrando mi armonía, dando amor, mucho amor, los abrazos me funcionan a la perfección,  sé, que gracias a Dios, ellos están limpios y consientes del alto riesgo que son las sustancias tóxicas, tanto químicas como las relaciones personales enfermizas, es pues, una decisión de ellos que si la llegaran a tomar, me dolería en el alma, pero no pienso hundirme junto con ellos con neurosis, ansiedad, angustia y miedos. Gracias por leerme, más por escribirme, ernestosalayandia@gmail.com.-

https://www.youtube.com/watch?v=nBfjuGtcpHg búscame en whatsApp, 614 2568520.