Doloroso para los sicartsianos que se ignore el origen de esta ciudad: Huacuz

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Héctor Huacuz Álvarez, experimentado ingeniero que laboró para la acerera local.

Por Francisco Rivera Cruz

La Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas (Sicartsa), es ancla económica y del desarrollo de esta ciudad y el municipio, que de no haber existido esto sería un sitio aun inhóspito y tal vez se llamaría todavía Melchor Ocampo, dijo Héctor Huacuz Álvarez.

El experimentado ingeniero que laboró para la acerera local en sus tres etapas: Sicartsa, Villacero y ArcelorMittal, presentó ante jóvenes y algunos invitados su libro “Sicartsianos con voluntad de acero”, lamentando que en apenas unas décadas se desconozca de dónde vinimos y que somos parte de un rescate de los recursos nacionales.

La presa La Villita se construyó para abastecer de energía eléctrica a la acerera, el puerto se creó para recibir materias primas y poder exportar su producción, el ferrocarril fue traído para mover materias primas también y mover pasajeros, en gran medida para dar mano de obra a la industria del acero, indicó.

En su mensaje a estudiantes del Colegio de Bachilleres de la ciudad, pidió no dejar morir las memorias de Sicartsa que dio pie a esta ciudad, Sicartsa. La productora de aceros fue resultado de una lucha intensa que en México y fuera, principalmente en Estados Unidos, afirmó.

Lo bueno es que el proyecto del General Cárdenas del Río, tuvo seguimiento por sus sucesores, y el presidente Luis Echeverría aprobó la puesta en operación, con lo que se construyó la planta que se buscó inaugurar el 8 de octubre de 1976, lo que impidió el huracán Madeline, pero se concretó el 4 de noviembre siguiente.

El ingeniero eléctrico por el Tecnológico de Morelia, contratado a sus 23 años por la planta acerera, compartió anécdotas, y todas estuvieron envueltas en nostalgia, “no puede uno dejar de lamentar que Sicartsa fuera desaparecida”.

Una anécdota triste, dijo le ocurrió cuando portando una camisa con el logo de Sicartsa, le preguntaron dónde estaba esta compañía contratista para acercarse a ver si lo contrataban.

En otra ocasión, tomando un taxi para trasladarse al fraccionamiento La Orilla, interrogó al operador que conocía de Sicartsa, y cuando el conductor preguntó qué era eso, y le dijo que era una planta productora de acero, el hombre al volante cuestionó que si no estaba confundido porque la única acerera aquí se llama ArcelorMittal.

Ante esto recomendó a los jóvenes estudiantes reunidos en una sala de la Biblioteca Álvaro Obregón, que preguntaran a sus papás qué saben de lo que fue Sicartsa, y se ocuparan un poco de saber el origen de su ciudad, porque hubo timbre postal, maratones deportivos y muchas actividades con el sello de la marca ya desaparecida y que mucho se extraña.

En varios momentos se refirió a la dolorosa la venta, cuya ruta empezó en mayo de 1990, cuando el gobierno federal optó por desincorporar la industria paraestatal desligando a Sicartsa de Sidermex, el 20 de noviembre de 1991, el complejo siderúrgico es adquirido por Villacero; y 19 noviembre de 2006 se concluyó acuerdo para que ArcelorMittal comprara derechos sus, lo que se formalizó al año siguiente.

“En 1990 empezó lo que no queríamos; que se acabara el sueño del General Cárdenas, el anhelo de tener una empresa orgullo de los mexicanos. Con el solo anuncio de su venta, hubo lágrimas por algunos y hasta renuncias para evitar ir de paraestatal a empresa privada”.

Sicartsianos con voluntad de acero, de cuyo ejemplar entregó ediciones a la Biblioteca Pública, cuenta con un prólogo del doctor Librado Godoy Sánchez, quien indica que el libro se ocupa de la parte e historia humana dentro del complejo acerero, y es que recoge 48 historias de vida, contadas por 40 varones y 8 mujeres ligados a Sicartsa.