Por Dra. Yazmín Arroyo
Hace muchos años leí la frase, “pobre de los Mexicanos tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, a unos días de las votaciones en Estados Unidos y que resultara ganador Donald Trump, por primera vez en la historia de ese país que una persona acusada de fraude, violación y demás delitos lo hayan dejado participar y que fue votado para que nuevamente sea Presidente del país más poderoso de América.
Arrasando en varios estados, la victoria de Trump equivale a un voto público de desconfianza en los líderes y las instituciones que han configurado la vida estadounidense desde el final de la Guerra Fría hace 35 años. Los nombres en sí son simbólicos: en 2016 Trump se enfrentó a un Bush en las primarias republicanas y a una Clinton en las elecciones generales. Esta vez, en un sentido más laxo, venció a una coalición que incluía a Liz Cheney y a su padre, el exvicepresidente Dick Cheney.
Quienes ven en Trump un profundo rechazo a las convenciones actuales de Washington tienen razón. Es como un ateo que desafía las enseñanzas de una iglesia: el desafío que plantea no reside tanto en lo que hace como en el hecho de que pone en tela de juicio las creencias sobre las que descansa la autoridad. Trump ha demostrado que las ortodoxias políticas de la nación están en bancarrota, y los líderes de todas nuestras instituciones —tanto privadas como públicas— que basan su autoridad en su fidelidad a tales ortodoxias son ahora vulnerables.
Esto puede ser exactamente lo que quieren los votantes, y al aliarse con tantas élites e instituciones problemáticas e impopulares, una pregunta similar podría hacerse sobre los oficiales a cargo de la comunidad de inteligencia.
Trump no es lo que nadie imagina cuando piensa en un experto en política, pero el papel que sus votantes quieren que desempeñe es posiblemente el opuesto: el de un antiexperto que pulverice las actuales nociones de experticia de Washington. La victoria de Trump es un veredicto de castigo a las autoridades de todo tipo que intentaron detenerlo, todo esto dicho en el portal de New York Times por Daniel McCarthy.
Probablemente el triunfo de Trump en estas elecciones es lo que se le llama como el costo político por la vieja política, la decaída de la vieja política impulsada por Barack Obama, algunas personas en nuestro país incluida la Presidenta de México Claudia Sheinbaum se muestra optimista, espero de todo corazón que a los Mexicanos no nos vaya tan mal con este señor, quizás lo que se avecina para los mexicanos es salir de nuestra zona de confort y empezar a buscar nuevos horizontes.






