ASESORÍA LEGAL

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Estados Unidos, el país que consume droga, acusa y nunca se juzga

Por Lic. Julio César Zamudio

Director Corporativo Mercadotecnia de México

Estados Unidos se ha erigido durante décadas como juez y policía del mundo en materia de drogas, señala, acusa, amenaza e incluso interviene en otros países con el argumento de combatir al narcotráfico, sin embargo, hay una verdad incómoda que rara vez se dice con claridad, el mayor mercado de drogas del planeta está dentro de Estados Unidos, y gran parte de su problema no està fuera, sino en casa, y es que, mientras Washington apunta el dedo hacia América Latina, evita mirar su propio reflejo, en ciudades como Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Filadelfia y San Francisco, la venta y consumo de drogas ocurre a plena luz del día, barrios enteros están devastados por el fentanilo, la heroína, la metanfetamina y el crack, miles de personas mueren al año por sobredosis, y aun así, los grandes distribuidores estadounidenses rara vez enfrentan consecuencias proporcionales al daño que causan, la narrativa oficial insiste en que el problema “viene del sur”, pero omite un hecho clave, sin consumidores no hay mercado, Estados Unidos no solo consume drogas, las demanda de forma masiva, esa demanda sostiene a las redes criminales estadounidenses, eleva precios, incentiva la violencia y perpetúa el negocio, culpar únicamente a países productores o de tránsito es una forma cómoda de evadir responsabilidades internas, la pregunta es, ¿Por qué no se detiene a los grandes narcos gringos?, la respuesta no es simple, pero si relevadora, primero, porque el narcotráfico de Estados Unidos se prioriza el castigo al consumidor pobre  y no al distribuidor poderoso, se encarcela al adicto de barrio, pero NO al empresario que lava millones, dentro de este lavadero podrían haber aseguradoras, instituciones financieras, fabricantes de autos, etcétera, siempre se persigue al eslabón más débil y se protege, por omisión o complicidad al más fuerte, hay corrupción aunque se niegue, policías, agentes fronterizos estadounidenses funcionarios locales y federales han sido señalados una y otra vez por colaborar, encubrir o hacerse como que no ven, no se trata de todos, pero si de suficientes como para que el sistema falle, Estados Unidos no es inmune a los malos elementos policiacos, simplemente tiene mejores mecanismos para ocultarlos o minimizar su impacto mediático, además, existe un componente político, reconocer que el narcotráfico es un problema estructural interno e implicaría aceptar el fracaso de su modelo de “guerra contra las drogas”, un modelo que ha servido más para justificar presupuestos militares y control geopolítico que para salvar vidas, es más fácil atacar a otros países que reformar el propio sistema de salud, justicia y control financiero, y es que, la legalización parcial de algunas drogas tampoco ha resuelto el problema, en muchos casos ha coexistido con mercados ilegales fortalecidos, mientras las comunidades más pobres siguen pagando el precio, la crisis del fentanilo es prueba de ello, una tragedia nacional que no se explica solo por el narcotráfico internacional, sino por una profunda descomposición social y una tolerancia selectiva al crimen.

Se debería investigar a las grandes cadenas de tiendas de ropa, Autoservicio, restaurantes de comida rápida, aseguradoras, instituciones bancarias, fabricantes de autos y todas las empresas que provengan de otros países y principalmente de Estados Unidos, seguramente nos podríamos encontrar con lavado de dinero en estas “importantes marcas”, Estados Unidos no puede seguir exigiendo lo que no practica, no puede hablar de soberanía ajena mientras ignora su corrupción interna, no puede proclamarse víctima cuando es el mayor consumidor del mundo y es quien controla las drogas internamente en su propio país sin que haya detenciones de altos capos y distribuidores de drogas en Estados Unidos, combatir realmente al narcotráfico implica empezar por casa, detener a los grandes distribuidores de drogas estadounidenses, castigar el lavado de dinero, limpiar sus corporaciones policiacas y asumir su responsabilidad histórica, y hasta que eso no ocurra, cualquier discurso contra el narco dirigido a otros países seguirá siendo, mas que una solución, una gran hipocresía internacional, de hecho, Donald Trump no predica con el ejemplo, en su propio país està señalado y acusado de enriquecerse aun más incluyendo a su propia familia, es un empresario, pero es también un oportunista que tiene serios problemas emocionales, no es político ni diplomático, es un ser arrogante y soberbio que ha violado la soberanía de otros países y que amenaza y acosa a gobernantes mundiales que se dejan intimidar por sus palabras, y no es otra cosa mas que los mismos gobernantes de otros países desconocen el derecho internacional, sus embajadores desconocen la materia legal y sus asesores jurídicos de igual manera, de hecho, Estados Unidos no tiene ninguna autoridad moral, legal ni política para hablar de violar la soberanía de países contra México, bajo el pretexto del narcotráfico, ninguna nación del mundo le ha otorgado ese derecho de erigirse como policía internacional, juez supremo o verdugo selectivo, la soberanía de los países no està sujeta a la conveniencia de Washington ni a sus fracasos internos, invocar el combate al narcotráfico para justificar presiones, amenazas o intervenciones encubiertas en una forma moderna del imperialismo, resulta contradictorio que un país que no ha podido o no ha querido controlar el narcotráfico, la distribución y el consumo de drogas dentro de su propio territorio pretenda imponer soluciones fuera de él, la soberanía no se negocia, no se condiciona y no se viola, hay gobernantes que le permiten la entrada a elementos policiacos gringos bajo el pretexto de que van a capacitar a elementos mexicanos o de otros países y realmente vienen a investigar y según ellos a culpar a nuestro país y a los que se dejen de narcotráfico, siempre buscando culpables falsos para posicionarse siempre como víctimas, y es que, México y otras naciones no son responsables del colapso social, sanitario y moral que vive Estados Unidos frente a las drogas, la lucha contra el narcotráfico debe basarse en el respeto mutuo, la corresponsabilidad y el derecho internacional, no en amenazas ni en discursos que buscan desviar la atención, Estados Unidos no puede hablar de soberanía ajena cuando no ha sido capaz de poner un orden en su propio país, y es que los grandes consumidores y distribuidores del mundo se encuentran exactamente en Estados Unidos.