Patrimonio mutilado; detuvieron derribo del último capire en LC

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Un antes y un después de centenario árbol de Capire, el cual estuvo a punto de ser desaparecido del sitio en donde afortunadamente todavía sigue.

Por Francisco Rivera Cruz

Un testigo viviente de más de un siglo de historia, que vivía antes de que naciera esta ciudad, estuvo a punto de desaparecer bajo el filo de las motosierras, no por el desgaste natural del tiempo, sino por la indiferencia institucional y la insaciable mancha urbana.

Se trata del único ejemplar sobreviviente de Sideroxylon capiri que permanece en pie en lo que es la colonia El Capire, a la que dio su nombre, cerca de la actual Plaza Uruapan.

Vecinos de la zona recuerdan que hace siete décadas este gigante ya custodiaba el camino que conectaba la zona de La Pérgola con el río Balsas. En aquel entonces, los capires abundaban cerca de la cuenca, alcanzando majestuosas alturas de hasta 35 metros.

Sin embargo, el desconocimiento de su valor ecológico y la desmedida tala para comercializar su madera –alta mente codiciada para elaborar tablas de taquero–, erradicaron gradualmente a la especie del paisaje local.

La indignación social se encendió ayer cuando la propia Dirección de Ecología Municipal autorizó el derribo del histórico ejemplar, al alegar desconocimiento sobre su existencia y valor biogeográfico, confiando únicamente en la versión de los propietarios del predio.

El ecocidio se frenó a tiempo gracias a la rápida movilización ciudadana. Mediante un recurso de queja e insistentes gestiones ante el Ayuntamiento, los vecinos lograron detener las máquinas, aunque el daño ya estaba hecho: gran parte del árbol sufrió un desrame masivo y mutilante mientras las autoridades reaccionaban.

De acuerdo con especialistas en biología, el Sideroxylon capiri es una especie nativa de México perteneciente a la familia de las sapotáceas. Perder este ejemplar no solo significaría borrar el último nexo biológico que le dio nombre e identidad a un barrio de Lázaro Cárdenas, sino también evidenciar la fragilidad de los protocolos de protección ambiental en el municipio.

Este episodio debe tomarse como un urgente llamado de atención a la conciencia colectiva y a la administración pública. El desarrollo urbano no puede seguir construyéndose sobre el exterminio de nuestra memoria natural. Urge que las autoridades asuman su responsabilidad, dictaminen medidas inmediatas de restitución y salvaguarda para este árbol centenario, y reformen un sistema de permisos que hoy liquida el patrimonio ambiental en lugar de protegerlo.