México entre la montaña y la mar

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* La verdadera riqueza de México está en la mar; sepultada por siglos de olvido.

Almirante (Ret) J.E. García Silva Pérez

Crimen, castigo y amnesia marítima de una nación telúrica

México nació independiente mirando hacia la tierra. No porque la mar le fuera ajena, pues sus litorales continentales suman 11 122 kilómetros y su zona económica exclusiva supera ampliamente la extensión terrestre, sino porque el poder, la memoria y la esperanza fueron asentándose en el altiplano. La geografía se convirtió en psicología: caminos difíciles, comunidades separadas, capitales interiores y gobiernos atentos a la frontera terrestre hicieron de la montaña una costumbre mental. La mar quedó cerca en el mapa y lejos en la conciencia nacional (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, 2018).

Un antiguo concepto, atribuido en la tradición académica al maestro Porrúa, lo resume con sobriedad: “la montaña ha sido una presencia constante en la historia de México: protegió y dio refugio a sus pueblos, pero también los aisló, fragmentó sus comunicaciones y orientó su mirada hacia el interior del territorio, alejándolos paulatinamente de la mar”. Su verdad interpretativa, resulta poderosa. La montaña separó regiones, retrasó comunicaciones y favoreció poderes locales; después, sin pedir permiso, pasó de la geografía al carácter y nos enseñó a pensar la patria como tierra cercada.

Analizando la narrativa explicativa de la novela “Crimen y castigo”. Raskólnikov no delinque solamente cuando mata; antes comete un crimen intelectual: se persuade de que una idea superior lo dispensa del límite moral. Después llega el castigo profundo, que no es Siberia, sino el encierro dentro de sí mismo. Su cuarto estrecho es una conciencia sin horizonte. Algo semejante puede leerse, como metáfora y no como equivalencia moral, en la historia mexicana: las élites gobernantes imaginaron repetidas veces que poseer el centro equivalía a gobernar el país entero (Dostoyevski, 2015).

La trama de la novela es el asesinato y su investigación; la urdimbre es más honda: orgullo, resentimiento, culpa, pobreza y redención. En México, la trama visible fueron independencia, pronunciamientos separatistas, intervenciones extranjeras, supuesta reforma, revolución y reconstrucción. La urdimbre psicosocial fue una disputa persistente por obtener el poder, alimentada por agravios, desigualdad, regionalismo y una frágil institucionalidad. Durante buena parte del siglo XIX, la energía pública se consumió en decidir quién mandaba, mientras quedaba pendiente la pregunta más fecunda: para qué debía servir el poder en la nación (Vázquez, 2010).

La distinción entre telurocracia y talasocracia ayuda a mirar ese extravío. La primera organiza su seguridad, riqueza e imaginación alrededor de la tierra; la segunda comprende que la mar es circulación, comercio, tecnología, conocimiento y presencia exterior. Ninguna nación es químicamente una u otra. El problema comienza cuando una orientación se vuelve ceguera. México se hizo telúrico por necesidad histórica, pero terminó siéndolo por inercia cultural, mientras la mar fue reducida a playa, frontera líquida o decorado de vacaciones (Schmitt, 2007).

Las guerras intestinas reforzaron esa inclinación. Cada rebelión pedía soldados, contribuciones, caminos interiores y lealtades inmediatas. La inversión paciente en astilleros, marina mercante, cartografía, ciencias oceanográficas o educación náutica parecía un lujo ante la urgencia del siguiente levantamiento. Y, sin embargo, la factura verdadera no se pagó solamente en tesorerías vacías: se pagó con pueblos destruidos, viudas, huérfanos, escuelas interrumpidas y generaciones educadas para sobrevivir al conflicto, no para dominar la técnica (Hamnett, 2001).

También hubo dirigentes mesiánicos que confundieron el poder con una autorización para colocarse por encima de la comunidad. Fromm explicó que el individuo puede escapar de la libertad sometiéndose a una autoridad o buscando dominar a otros, sobre todo cuando la inseguridad y el aislamiento vuelven insoportable la responsabilidad personal. En la vida política, esa fuga favorece liderazgos autoritarios, adhesiones emocionales y resentimientos convertidos en programas de gobierno. El jefe promete orden; la multitud entrega juicio; y la patria acaba pagando la terapia del caudillo con sangre ajena (Fromm, 2008).

Desde esa psicología se comprenden, sin simplificaciones ni acusaciones indiscriminadas, algunos acuerdos con potencias extranjeras. En momentos de lucha interna, facciones mexicanas buscaron respaldo exterior para vencer al adversario doméstico, aun cuando el protector tenía sus propios intereses. El resentimiento encoge el horizonte: hace parecer tolerable comprometer el mañana con tal de derrotar al adversario hoy. El país se vuelve el tablero, mientras los jugadores creen ser dueños de las piezas. La historia enseña que pedir auxilio extranjero no suspende la geopolítica del país benefactor (Vázquez, 2010). Como sentencia la añosa sabiduría africana: “No hay un palo de una sola punta”.

Asch ofrece otra hebra. Sus experimentos mostraron que una persona puede negar la evidencia visible para coincidir con una mayoría unánime. Este mecanismo de conformidad se relaciona con el llamado “efecto de arrastre” o “bandwagon”, aunque no son términos idénticos. Aplicado con prudencia, permite explicar cómo una sociedad repite: “México es un país terrestre”, porque así lo dicen la escuela, la administración y la conversación pública. Si todos miran al altiplano, mirar a la mar parece extravagancia, aunque el mapa grite lo contrario (Asch, 1956).

A la conformidad se suma la dependencia de trayectoria. Las decisiones antiguas levantan instituciones, presupuestos y rutinas que después se defienden a sí mismas. Si las Dependencias del Estado (Secretarías), universidades, estadísticas y símbolos nacionales se construyen desde el centro, cada nueva decisión vuelve razonable invertir otra vez en el centro. Así nace la amnesia marítima: no como olvido clínico, sino como pérdida socialmente aprendida de una parte del territorio, de su historia y de sus posibilidades. México no olvidó que tenía costas; olvidó pensar desde ellas (Pierson, 2000).

La identidad social completa el cuadro. Las comunidades seleccionan recuerdos que confirman quiénes creen ser. México se narra mediante el águila, el nopal, la montaña, la hacienda, el ferrocarril y la frontera del norte. Son emblemas legítimos, pero el navío, el puerto, el pescador, el astillero y la científica oceanógrafa rara vez ocupan igual jerarquía. Cuando un grupo no incorpora algo a su relato, termina asignándole menos atención y recursos. Lo ausente del imaginario suele desaparecer después del presupuesto (Tajfel & Turner, 1986).

Podría hablarse incluso de indefensión aprendida. Tras invasiones, pérdidas territoriales, fracasos industriales y proyectos marítimos discontinuos, una sociedad puede concluir que ciertas empresas “no son para nosotros”. Entonces se admira el puerto extranjero, se compra la tecnología ajena y se acepta la dependencia como si fuera temperamento nacional. Pero la indefensión no describe una esencia; describe un aprendizaje, y todo aprendizaje puede modificarse mediante experiencias de eficacia, continuidad institucional y resultados visibles (Seligman, 1975).

Por eso la comparación internacional duele, pero también instruye. China y Corea del Sur convirtieron la investigación, la educación técnica y la industria en asuntos de continuidad nacional. En 2023, la inversión en “Investigación y Desarrollo” alcanzó alrededor de 2.6 por ciento del producto interno bruto en China y 5.0 por ciento en Corea del Sur; México se mantiene muy por debajo de esos niveles en las series internacionales disponibles (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, 2025).

Singapur añadió otra lección: la pequeñez territorial no condena a la irrelevancia cuando la educación, el puerto, la administración y la tecnología trabajan en el mismo rumbo. México posee una extensión territorial, recursos y posición bioceánica que aquella ciudad Estado no recibió de la naturaleza. Lo que falta no es mar, sino continuidad; no es talento, sino una decisión que lo reúna. Dicho con la picardía inevitable: tenemos dos océanos, pero a veces administramos el porvenir como si la patria terminara donde se acaba la carretera e inicia la playa. México no termina en la orilla de la mar; más allá del horizonte; mucho más allá hasta las 200 millas náuticas, existe un México pletórico de riquezas y oportunidades que muy pocos privilegiados conocen.

La amnesia marítima ha tenido además una consecuencia educativa. Una niñez que aprende los ríos, montañas y capitales, pero apenas conoce la marina mercante, los puertos, la construcción naval, el derecho marítimo o la oceanografía, llega a la adultez sin imaginar empleos en la mar. Después se afirma que no existe vocación marítima, cuando en realidad no se sembró. La vocación rara vez cae del cielo: se forma mediante relato, educación guiada, contacto, ejemplo, ciencia y oportunidades concretas.

El horizonte de 2032 rompe esa comodidad. La Organización Marítima Internacional adoptó en mayo de 2026 el Código MASS no obligatorio, vigente desde el 1 de julio del presente año, y prevé adoptar el instrumento obligatorio antes del 1 de julio de 2030 para su entrada en vigor el 1 de enero de 2032. Se trata de una ruta prevista, todavía sujeta al proceso normativo internacional, pero suficientemente definida para exigir preparación nacional desde ahora en la operación, mantenimiento y seguridad de buques de superficie autónomos (Organización Marítima Internacional, 2026).

Los buques marítimos autónomos de superficie no eliminan al ser humano; desplazan y elevan sus responsabilidades. Harán falta especialistas en comunicaciones, inteligencia artificial, ciberseguridad, mantenimiento, derecho marítimo, factores humanos, búsqueda y salvamento, certificación y control remoto. Si México espera a 2032 para abrir cursos, adaptar puertos y coordinar autoridades, llegará al examen cuando otros ya administren la escuela. La tecnología comprada sin conocimiento propio es modernidad de aparador: brilla mucho, pero depende de quien conserve las llaves de la información tecnológica de su diseño.

Prepararse exige una talasocracia mexicana, no imperial ni militarista, sino educativa, comercial, científica y soberana. Significa integrar la mar a la escuela desde la primaria o elemental; vincular universidades, centros de investigación, industria y autoridad marítima; desarrollar pruebas graduales en al menos cuatro puertos piloto: Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Altamira y Veracruz, amén de los dos del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT); y sostener presupuestos más allá del sexenio. La finalidad no es abandonar la tierra, sino reconciliarla con la mar. Una nación bioceánica necesita dos pulmones y no puede seguir respirando con uno por costumbre.

CONCLUSIÓN

El crimen histórico de México no fue haber mirado a la tierra. Allí estaban sus pueblos, sus cosechas, sus heridas y buena parte de sus amenazas. El error fue convertir esa necesidad en destino exclusivo y aceptar que la montaña, además de separar caminos, separara la imaginación nacional de la mar. El castigo ha sido silencioso: dependencia tecnológica, marina mercante insuficiente, educación marítima marginal y una sociedad que contempla como ajeno el espacio donde circula buena parte de su comercio y se abandona una riqueza superior a la del territorio continental.

Como Raskólnikov en “Crimen y Castigo”, México no encontrará redención justificando el encierro, sino reconociéndolo. La amnesia marítima no se cura con discursos de aniversario ni colocando una “caña del timón en cada oficina”. Se cura enseñando, investigando, construyendo, navegando y dando continuidad. También se cura sometiendo el poder al proyecto nacional (como mencionara Deng Xiaoping: “No importa que el gato sea negro o blanco; lo importante es que cace ratones”), para que ningún resentimiento personal, lucha intestina o conveniencia facciosa vuelva a comprometer con intereses extraños el porvenir de quienes aún no nacen.

Las guerras mexicanas dejaron héroes, pero también dejaron viudas, huérfanos, aulas vacías y recursos consumidos. Honrar a los primeros exige no fabricar los segundos. La gran defensa nacional del siglo XXI comienza en la escuela, continúa en el laboratorio y alcanza su madurez en puertos capaces de gobernar la tecnología que reciben. China, Singapur y Corea del Sur prueban que la educación sostenida puede convertir limitaciones en poder. México posee todavía más: historia, juventud, recursos y dos grandes océanos abiertos todo tiempo, esperando dejar de ser paisaje: sol, playa y ocio en vacaciones.

El año 2032 será una cita, no una sorpresa. Para entonces, el Código MASS preguntará si México formó especialistas, protegió sistemas, ensayó operaciones y comprendió el elemento humano de la autonomía de los buques. Podemos llegar como compradores obedientes de soluciones ajenas o como socios capaces de adaptarlas, auditarlas y, algún día, crearlas. Esa decisión se toma hoy. La montaña seguirá allí, digna y mexicana; pero ha llegado la hora de atravesarla, bajar al puerto y recordar que la mar no es el final de la patria: es la mitad olvidada de su destino.

REFERENCIAS

Asch, S. E. (1956). Studies of independence and conformity: I. A minority of one against a unanimous majority. Psychological Monographs: General and Applied, 70(9), 1–70. https://doi.org/10.1037/h0093718.

Dostoyevski, F. M. (2015). “Crimen y castigo” (R. Cansinos Assens, Trad.). Penguin Clásicos. (Obra original publicada en 1866).

Fromm, E. (2008). El miedo a la libertad. Paidós. (Obra original publicada en 1941).

Hamnett, B. R. (2001). A concise history of Mexico. Cambridge University Press.

Organización Marítima Internacional. (2026, 22 de mayo). IMO adopts first global Code for autonomous ships. https://www.imo.org/en/mediacentre/pressbriefings/pages/imo-adopts-mass-code.aspx.

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (2025, 31 de marzo). R&D spending growth slows in OECD, surges in China; government support for energy and defence R&D rises sharply. https://www.oecd.org/en/data/insights/statistical-releases/2025/03/rd-spending-growth-slows-in-oecd-surges-in-china-government-support-for-energy-and-defence-rd-rises-sharply.html.

Pierson, P. (2000). Increasing returns, path dependence, and the study of politics. American Political Science Review, 94(2), 251–267. https://doi.org/10.2307/2586011.

Schmitt, C. (2007). Tierra y mar: Una reflexión sobre la historia universal. Trotta. (Obra original publicada en 1942).

Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. (2018, 6 de diciembre). Mares y costas. Diario Oficial de la Federación.

Seligman, M. E. P. (1975). Helplessness: On depression, development, and death. W. H. Freeman.

Tajfel, H., & Turner, J. C. (1986). The social identity theory of intergroup behavior. En S. Worchel & W. G. Austin (Eds.), Psychology of intergroup relations (pp. 7–24). Nelson Hall.

Vázquez, J. Z. (2010). México y el mundo: Historia de sus relaciones exteriores (Vol. 1). El Colegio de México.