PRIORITARIO APERTURAR ESPACIOS PARA PSICOEDUCACIÓN PARA EVITAR SUICIDIOS

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Janint Andrea Ortiz Damián, tanatóloga y logoterapeuta.

* Hay claves para la prevención del suicidio y el valor de las redes de apoyo: Andrea Ortiz.

Por Francisco Rivera Cruz

En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el 10 de septiembre, resulta primordial abrir y consolidar espacios dedicados a la psicoeducación. Las ideas suicidas afectan a personas de todas las edades, registrándose un impacto significativo de actos consumados en la población de entre 17 y 35 años.

Bajo las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se promueve un enfoque centrado en la comunicación: hablarlo y comunicarlo de la manera adecuada es la herramienta preventiva por excelencia ante una crisis emocional, recuerda la tanatóloga y logoterapeuta Janint Andrea Ortiz Damián.

Una crisis de esta magnitud no surge de manera aislada; suele ser el resultado de un periodo prolongado de malestar emocional. Entre los principales focos de atención se encuentran, el aislamiento social y desinterés general por la vida.

Suman elementos o lo son de manera decisiva en otros casos, alteraciones persistentes en los patrones de sueño y comorbilidad con otras afecciones físicas o psicológicas, alerta la también catedrática.

El núcleo familiar actúa como un factor determinante: puede ser un escudo de protección o un detonante. Las familias basadas en el respeto, amor, empatía y libertad protegen la salud mental. Por el contrario, un entorno disfuncional con violencia, adicciones o crianza no respetuosa incrementa el riesgo, pudiendo orillar a una persona a contemplar el atentado contra su propia vida.

Factores externos como pérdidas significativas, deudas, desesperanza (como la sensación de “ser una carga”) o adicciones al juego y al alcohol suman vulnerabilidad a la situación.

No es necesario llegar a un punto de quiebre para acudir al psicólogo o buscar la guía de un especialista. Tradicionalmente no se nos enseñó a pedir ayuda, lo que dificulta la atención oportuna de la salud mental; sin embargo, recordar que lo que no se habla se convierte en enfermedad física resulta fundamental para cambiar este paradigma.

Cuando la estructura familiar falla o genera un sentimiento de soledad, la persona puede edificar un “sostén emocional” propio a través de amigos, compañeros de escuela, clubes o instituciones religiosas. Las redes de apoyo son el principal paracaídas para recordar que las crisis son pasajeras y que la vida vale la pena.

La profesional, recuerda la existencia de un protocolo de 5 pasos ante una crisis emocional.

Para actuar adecuadamente ante alguien que atraviesa por este proceso, Janint Andrea destaca una guía fundamental: Escuchar sin juzgar: Brindar la apertura necesaria sin emitir críticas y en segundo lugar tomar la situación en serio: Validar el dolor de la persona sin minimizar su experiencia.

En un tercer paso, preguntar directamente: Abordar abiertamente si ha tenido pensamientos de atentar contra sí mismo y garantizar compañía y seguridad: No dejar sola a la persona ni permitir que tenga a su alcance elementos peligrosos.

Y finalmente y no menos importante, canalizar con profesionales: Buscar e integrar ayuda especializada de forma inmediata.

Sentir dolor es una parte natural del ser humano; el riesgo radica en alojar pensamientos de autolesión. Prevenir está al alcance de todos: cuando uno habla, uno sana, concluye la terapeuta.