Sobreviven primeras farmacias abiertas en LC; aunque dominan las de cadena

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Con más de cinco décadas de existencia, siguen operando en esta ciudad, las farmacias pioneras en el sector, la París y la San Francisco. (Foto ilustrativa).

Por Francisco Rivera Cruz

El sector de las farmacias en Lázaro Cárdenas, como en cualquier sociedad tienen su historia. Sin embargo, su evolución aquí que es de altibajos a crisis, de florecimiento a la adecuación del mercado y organización de los farmacéuticos, al rondar las cinco décadas de existencia, dos de sus actores iniciadores pueden contar puntualmente parte de dicho desarrollo.

Justo al quedar atrás el Melchor Ocampo del Balsas y pasar a Lázaro Cárdenas como la designación de este municipio, surge la farmacia en esta zona. A la fecha los negocios nativos son no más de cinco que sobreviven a la oleada de farmacias de cadena, en donde dominan tres nombres: Farmacias Simi, Farmacias del Ahorro y Farmacias Guadalajara.

El 2 de febrero de 1970 llegó a esta zona la primera botica a la ciudad, denominada Farmacia Santa María, poco después Farmacia San Jorge, se abrió en avenida Reforma, de la mano de Jorge Hernández Torres, que emigraba de Zamora a esta ciudad.

En aquellos días, quien atendía un espacio de estos debía ser técnico boticario o tener saberes en preparación de fórmulas magistrales medicinales. Se narra que los preparados frecuentes eran para diarrea, tos y vómito.

Con la misma farmacia llegaron estrenando su título de boticarios Jesús Amezcua y seis meses después su hermano Francisco, quienes se acoplaron tanto al sector, que crearon sus propias farmacias: Jesús, Farmacia París, y Francisco, Farmacia San Francisco, que dicho sea de paso son las únicas que hoy en día preparan fórmulas magistrales en esta ciudad.

Cuando llegó la primera farmacia en la ciudad, solo don Ernesto Ruiz, vendía fármacos, pero de manera complementaria y un cuadro base de Neomelubrina, Magnopirol, mertiolate, agua oxigenada y vendas. En la esquina de las calles Guillermo Prieto y Lerdo de Tejada, por la pérgola, en su tienda, Ruiz vendía ropa, cintos, hilos, botones a quienes de los ranchos e incluso de Guacamayas “bajaban” a surtirse “a Melchor Ocampo”, incluido petróleo y medicinas.

Luis y Raúl Becerra, Juan Camarena y Pablo Barrera, eran quienes en aquellos días recomendaban medicamentos, con mucho acierto, aunque su formación era empírica. En la zona, solo ejercían profesionalmente la medicina Josué Pech y Ramón García.

Jorge Hernández Torres, boticario de profesión y con 40 años de experiencia, con ayuda de sus pupilos Jesús y Francisco Amezcua, dominaron pronto el mercado local, sin abusar de la condición de dominio, ya que el zamorano se había formado en un seminario y casi se recibía como sacerdote cuando optó por la farmacéutica.

A los 5 años les llegó competencia, sin embargo, no les hizo mella porque el mercado se había ampliado, y debido al desarrollo urbano de la zona incluso les rebasaba la demanda de atención.

“Primera etapa de Sicartsa, fue intensa, así que de los 70 a los años 80, vivimos una ciudad que tuvo crecimiento con gente de todo mundo. En esos días, solo para atender enfermedades venéreas y picaduras de alacrán se ponían más de 200 inyecciones al mes”, comenta Jesús Amezcua.

Hubo etapa en que la vivienda no fue suficiente y a pesar de que se crearon colectivos –galerones para dormitorio de obreros– vimos gente durmiendo en carros y lugares públicos, pero sin familia aquí y muchos de ellos solteros, así que “la zona de tolerancia” era la distracción, pero también fuente de contagios de gonorrea, sífilis y otros padecimientos, coinciden nuestros consultados.

Para los ochentas había 30 farmacias en la ciudad, y se abrió la primera de manera formal en a Las Guacamayas: Farmacia La Principal, atendida por Pedro León, aunque entonces ya vendían medicinas los hermanos Gustavo y Emigdio Calderón, en la mencionada tenencia.

A la ciudad vino Luis Agredano con Farmacias AS, que años después desaparecieron, mientras Farmacia Santa María tuvo dos sucursales –una cerca al Mercado Cuauhtémoc y otra en Playa Azul–, las cuales compró La Perla de Zamora, que bajó las cortinas de la última, y del proyecto derivando el edificio de cristal denominado Santa María, en calle Guillermo Prieto, Centro, frente a Bicicletas Hermanos Tapia, que se dañó con el temblor de 1985, y terminó retirándose.

El sector se cimbró con la llegada Los Pastilleros, que provenían de Guerrero, luego fueron Farma Pronto. Su llegada afectó porque aplicaban descuentos del 30% que era la utilidad que los fármacos permitían, así que hasta el 80% de las unidades económicas de este sector desaparecieron. Sobrevivieron quienes diversificaron, y además de medicamentos ofertaron regalos, perfumería y papelería.

La gente exigía el descuento, y se aplicaba para no perder la venta; entonces surge la Unión de Farmacéuticos de Lázaro Cárdenas, para hacer grandes compras y lograr descuentos de los proveedores, aunque no todos cooperaron, y lo único que quedó del colectivo fue un rol de guardias, recuerda Jesús.

“De la época de auge, traigo en la mente cubetas llenas de jeringas de tanta inyección que aplicábamos; solo de picaduras de alacrán unas 100 al mes. Ya estaban IMSS y hospitales, pero no alcanzan a atender a la gente”, abunda.

En aquellos días, por un lado, gonorreas y sífilis, las enfermedades venéreas; además de diarreas, gripes, tos, dermatológicas como mal de pinto y faja de la reina, que médicamente es herpes zóster, eran motivo de consulta, luego dieron primeros lugares de contagio el VIH, que derivaba en Sida, debido a la alta movilidad poblacional y ser puerto.

La llegada de Similares parecía agregar problemas ya que trajeron consultorios adjuntos, además de recetar medicamentos con el principio de “lo mismo, pero más barato”, empero, las farmacias que habían sobrevivido siguieron de pie.

Una de ellas, Farmacia París, nacida en 1997, al diversificar servicios, agregó la venta de guitarras. El concepto surgió poco antes con Farmacia Moderna, que pareció tener competencia cuando abrió Tienda Nova, con “un mundo de artículos”, sin embargo, en la farmacia no solo se vendían instrumentos musicales, se conseguían aquellos que se ocuparan, se reparaban guitarras y daba clases de música.

De las farmacias de cadena que llegaron, Guadalajara que hoy tiene cinco sucursales en la ciudad, oferta además de pago de servicios, abarrotes, luego de que en otras ciudades se adoptara el concepto de “Súper farmacia”, indicativo de que también se podía “hacer el súper” o surtir abarrotería.

Son Similares, Farma Pronto y Guadalajara quienes tienen mayor número de establecimientos, de los cuales el número actual total es incierto, aunque cinco años atrás se sabía había 63 unidades.

Con el paso del tiempo, Coepris dejó atrás el concepto de boticas, ahora para adoptar el de droguerías, y se trata de los establecimientos donde se preparan fórmulas magistrales, que obedecen a un tratamiento personal, y solo farmacias París y San Francisco las realizan en esta ciudad y la región. Es precisamente una ventaja frente a las farmacias de cadena. El tratamiento deriva de un diagnóstico en que se atiende el historial médico del paciente.

Otra ventaja de las farmacias París y San Francisco, es el trato, en que sus propietarios pueden orientar al cliente, lo que no ocurre en general en una farmacia de grupo porque son normalmente empleados para surtir la receta, y punto, considera Jesús Amezcua, quien desde hace 10 años se apartó del sector para dedicarse de lleno a una tienda de instrumentos musicales.