Linchamiento, ¿por qué?

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

El linchamiento, como lo ha visto, querido amigo lector, en últimas fechas en nuestro país ha sido un comportamiento cada vez más frecuente.

El primer linchamiento conocido en el México moderno, lo recordará usted,  fue en 1968, en una localidad llamada Canoa, en que se lincharon a 3 estudiantes que pasaron por esa localidad y el párroco de la iglesia mencionó que eran comunistas; estudiantes y una turba de gente se encargó de lincharlos, tema que dio pie incluso para una película mexicana con ese nombre, Canoa.

Un linchamiento es “una acción colectiva, punitiva, que puede ser anónima, espontánea y organizada, con diferentes niveles de ritualización, que persigue la violencia física sobre individuos que presumiblemente han infringido una norma, sea esta formal o virtual (es decir instruida por la colectividad), y que se encuentran en considerable inferioridad numérica”, definición de Loreto Quiroz.

Si analizamos esta definición, querido amigo, casi que vamos a temblar de miedo, hagamos una suposición, llegan a un lugar un par de trabajadores, y se irían a preguntar por las escuelas y las áreas de trabajo a alguien del pueblo, le llaman la atención o se le hacen sospechosos, o peor aún, solo les caen gordos o mal  y avienta el borrego (noticia mal intencionada) corriendo la voz de que “esos dos son roba chicos y andan buscando niños”; se inicia la acción colectiva, donde no hay un líder específico, son todos, totalmente inmediata, espontánea, se agrupan y van a detener a esas dos personas, cuya única culpa fue llegar ahí, y violentamente desde agresiones verbales hasta físicas son detenidos, y alguien de ese grupo decide gritar “Vamos a lincharlos”, porque según ellos, han quebrantado la ley, y como la ley no los castiga, es momento que el pueblo tome la ley por sus manos, y ahí se está violentando uno de los derechos humanos más importantes, la libertad de cada individuo, y el ser inocente hasta que no se compruebe lo contrario.

Aquí no habrá tiempo para comprobaciones, aquí es castigar, y como son muchos contra solo dos, son fácilmente sometidos, y primero serán golpeados y después buscarán su muerte, como no tienen armas tendrán que pensar en ahorcarlos, lapidarlos (matarlos a pedradas) o incinerarlos, cruel descripción, pero sociológicamente se ha demostrado en trabajos recientes, que esta situación social se ha llegado por ese hartazgo de falta de una ley justa y de tanta falla en la realización de expedientes y liberaciones de auténticos asesinos, ahí están los ejemplos que hemos visto en últimas fechas en nuestro país.

La ley está obligada a quitarles a la turba o muchedumbre a esos individuos con el objeto de llevarlos a una investigación y ante un juez, pero como no se tiene confianza ni en juicio ni en el juez, deciden tomar la decisión por su cuenta. Delito sí porque atentaron contra la vida de dos seres humanos y sea como sea es un homicidio.

Exteriorización de impulsos irracionales, destapar los bajos instintos de un ser humano, y llevarlo al grado de juez, tratando de suplantar una imagen de una ley y de un juez que no tienen enfrente, fases de una ingobernabilidad, falta de imagen gubernamental y de policía o leyes que lo defiendan, así lo menciona Goffman en 2006, investigador sobre este tipo de situaciones.

El objetivo principal es proveerse de justicia, como no se las dan pues la toman, y esto habla, querido amigo lector, de una descomposición social que deberíamos evitar para no caer en un anarquismo social. Grupos que reprimen su ira, castigando en conjunto a algunas personas que tengan o no la culpabilidad van a pagar con sus vidas, si es real la situación, sería llevarlos a la justicia, pero como no le tienen confianza, toman la ley por sus manos.

En un linchamiento el Estado de Derecho de un país, de un municipio o de un estado está totalmente desaparecido, sería menester que el área gubernamental sí realice efectivamente una intervención para no dejar impune ningún delito, para darle credibilidad al pueblo que sí se está haciendo justicia. Les quedará algún remordimiento a quien roció de gasolina, a quien encendió el cerillo y lo arrojó, al que golpeó, al que agredió a esas personas presumiblemente infractores, no porque fue hecha la acción entre varios, y entre varios se podría diluir la responsabilidad, y para ellos se hizo justicia, ahora lo estamos viviendo y no solo en sociedades apartadas en pueblos lejanos, ya se está presentado en las grandes manchas urbanas como la megalópolis capitalina, un cáncer que va recorriendo a la sociedad, y que debemos frenar, al no creer lo que una turba haga, dudar hasta no comprobarlo, y mucho menos tomar acción contra alguien. Tiene dudas, atrápelo y llévelo a las autoridades, ellas son las encargadas de hacer justicia, y si no lo hace, crecerá este cáncer del linchamiento.

Gracias por leer este artículo.