Aceptar tu edad, más difícil de lo que te imaginas

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

En mi consulta diaria, debo realizar una historia clínica de cada paciente, con objeto de integrarla a su expediente y hago una pregunta obligada,  la edad de cada uno de estos pacientes, yo no tengo por qué dudar de la edad que me dice cada uno de ellos, pero en mi programa de historia clínica, existe un inciso que es anotar la fecha de nacimiento de cada uno de esos pacientes, y aquí es donde me doy cuenta que la edad que me dijeron inicialmente, en nada concuerda con  la fecha de nacimiento de esa persona.

Sí, efectivamente, querido lector, se anotan menos edad de la que en realidad tienen, y pensará usted que son  mujeres, como el caso único, pues no, querido lector, es en ambos sexos, hombres y mujeres, decimos menos edad, de la que realmente tenemos.

Y esto me ha llevado a pensar lo difícil y pesado que es para cada ser humano entender y aceptar su edad, entender que el padre tiempo va haciendo estragos no solo en su cabello, con las canas, en su piel, con las arrugas, en la vista, en sus articulaciones, en fin, en todo el cuerpo. Se va perdiendo agilidad, no solo física, también mental, notamos la falta de fuerza y agilidad, movimientos más lentos y en cierto modo hasta torpes, sí lo notamos, sí lo percibimos, pero de eso a que lo aceptemos, sí está difícil.

Debemos entender, no solo con valor, sino hasta con cierta resignación, que el padre tiempo está cobrando sus facturas en nuestros cuerpos, nos quita, nos agrega experiencia, nos agrega conocimientos, pero nos resta agilidad, salud y sobre todo juventud.

¿Por qué engañar a otros de la edad que realmente tengo?

Pues para engañarme yo personalmente, sí, nos gusta creer que somos más jóvenes, nos gusta que aún nos vean como éramos antes, difícil, ¿no lo cree?  El tiempo pasa y no perdona, irá haciendo su labor de daño, de deterioro en cada cuerpo.

¿Por qué hacemos un estereotipo de la vejez? La razón es la imagen que nos hemos creado mentalmente de esa vejez, asumimos en el pensamiento un viejo, un ser humano que no ve bien, que no camina bien, sucio y mal oliente, que camina lento, encorvado y que no puede bastarse a sí mismo, es cierto, es la manera en que estereotipamos a la vejez, y nos da miedo llegar a ella, resistiéndonos a afrontar que ese cambio se dará con y sin nuestro consentimiento, el tiempo pasa y nos cobrará su paso.

Desde el nacimiento cada año que cumplimos lo festejamos, y nos damos cuenta que estamos mejorando, que llegaremos a nuestro mejor potencial conforme avancemos en edad, pero llegando a los 50 años esa alegría y gusto por celebrar un año más, se transforma en angustia, ya que en realidad es un año menos,  y es donde notamos que nuestro cuerpo que todo era ascenso y mejorías, tiende a ser a la inversa, siempre hacia abajo, deteriorándose paulatina y progresivamente hacia la vejez.

“Aceptar que nos hemos hecho mayores es un proceso complejo porque implica reconocer, por ejemplo, que hemos dejado pasar el tiempo sin realizar los proyectos que una vez soñamos, que la vida ha transcurrido mientras hacíamos planes y que cada vez queda menos tiempo para cumplirlos.” Es un párrafo escrito por la Psicologa mexicana Martha Pardo García, acerca de la edad adulta y como nos damos cuenta de que el tiempo paso y no hicimos lo que debimos haber hecho, con esa crueldad que solo el tiempo nos otorga, y todo esto nos tiende a deprimir.

Entender que hice lo que debí haber hecho, si no lo hice me deprimiré y no aceptaré el cambio. No vemos ya con la claridad que veíamos antes, oímos menos y con cierta dificultad, ya nos cansamos al subir una cuesta por pequeña que sea, sentimos cómo la vida se nos va escapando del cuerpo, y eso, eso da miedo, porque no podemos evitarlo, es un tren que no para su marcha. Aceptar los cambios con madurez y valor no es fácil, pero debemos hacerlo por salud.

Entender lo vivido y las experiencias que has ganado, te ponen en una área en la que ya no buscarás sobresalir en todo, aprenderás a cambiar lo que puedes cambiar, a aceptar lo que debes aceptar, pero lo mejor de todo tendrás la suficiente entereza para discernir entre estas dos posibilidades, ya que no te empecinarás en querer cambiar cosas que ya sabes que nunca vas a cambiar, llámalo madurez, sensibilidad, sentido común, llámale como quieras, eso solo te lo da la edad y el haber chocado con más de cien obstáculos en tu vida, y en todos haber logrado salir adelante, te darás cuenta que escoges mejor a tus amistades, ya no estás para presumir, quieres amigos que hablen lo mismo que tú, que tengan los mismos gustos que tú y que no sea esa eterna competencia de quién tiene más que el otro, ya no permitirás rodearte de gente tóxica, ya pondrás límites más claros y sobre todo, podrás correr atrás de tus ideales, por el hecho de estar vivo.

No serás el único que tenga sueños que ya no podrás alcanzar, pero los que cumpliste, vaya que los cumpliste adecuadamente, deja de sufrir por lo que no fuiste, o tal vez no hiciste, mejor disfruta con calma, sano y disfrutando lo que haces, para que la recta final de tu vida, sea un legado a las generaciones que se quedarán en esta tierra, ya no aprenderás a tocar el piano como un virtuoso a las 60 años, pero sí podrás disfrutar todas las obras de piano que quieras oír, harás el intento de aprenderlo, lo lograrás sí, pero esa artritis y esa falta de flexibilidad en tus dedos te impedirá tocar varias piezas que solo manos jóvenes pueden tocar.

Pero que te quede claro que tocaste la mejor sinfonía en la que podías participar, tu propia vida.

Gracias.