Por Marvin Toledo
Cuando hablamos de relevo generacional en la vida política estamos obligados a hablar de un cambio de percepciones, opiniones y comportamientos políticos del electorado; la incorporación de las nuevas generaciones a la arena política y el fortalecimiento de sus actitudes, liderazgo y vocación han potencializado su participación en la vida pública de nuestro país.
Esta participación no ha sido nada sencilla, diversos factores han amenazado y pretendido frenar el relevo generacional, que hoy en día ya es algo inminente.
Debemos erradicar la percepción de que el relevo es un asunto de ruptura entre generaciones, y fortalecer el concepto de cooperación entre generaciones.
En política no se puede descartar por completo la experiencia, ni mucho menos los valores y principios que sustentan ideológicamente a un partido, es por ello que se debe de mantener un balance entre lo viejo y lo nuevo, sacando provecho de lo mejor de cada uno.
No me refiero a un “quítate tú para ponerme yo”; pero estoy convencido que las nuevas generaciones tienen grandes aptitudes y capacidades para asumir responsabilidades de conducción, tanto en el sector público como en el sector privado y sin duda en el aspecto político deben tener la inclusión y permanencia en las actividades que ya no pueden ni deben ya ser cumplidas por quienes han visto transcurrir el tramo más extenso de sus vidas; si la habrán cumplido bien o mal, esto queda para el juicio de las próximas generaciones, pero su relevo es indispensable.
Sin duda, ello nos obliga a modificar la manera de hacer política. Ésta no puede ser estática en un mundo tan dinámico. Al contrario, debemos consolidar una mayor capacidad de respuesta, innovación, representación y apertura, de manera que sea útil para atender las necesidades de la población y contribuir al fortalecimiento de nuestras instituciones.
El futuro de la democracia se encuentra en las nuevas generaciones, y los jóvenes son la pieza clave en la conducción hacia ese futuro.
Somos los jóvenes quienes defenderemos y promoveremos la transparencia y la rendición de cuentas; esto contribuirá a construir una sociedad más incluyente, justa y próspera, pero sobre todo más fortalecida para enfrentar los retos del futuro, que cada vez se vuelven más presentes.
El régimen que hoy tenemos en nuestro país se resiste a ese cambio generacional, pretenden únicamente establecer una política paternalista y clientelar, en donde los jóvenes se mantengan estáticos y controlados por lo que el gobierno les provea; esa juventud que en el pasado proceso electoral fue un factor determinante para el triunfo del partido en el poder, es la misma juventud que hoy pretenden neutralizar y tratar como instrumento de un régimen populista.
Somos los jóvenes quienes tenemos que oxigenar la vida política de nuestro país y sin duda de nuestro estado, hoy en día diferentes generaciones jugamos en la misma cancha y aunque la generación dominante es la que se creó en “la vieja escuela” tenemos que demostrar que somos una generación capaz de competir, corregir e innovar la vida política del sistema que nos gobierna.






