El elefante

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

Hoy, querido amigo lector, le contaré una pequeña historia que escuché y que se que nos dejará grandes enseñanzas, lo voy a llevar con su mente a un viaje al pasado.

Ahora imagínense esto: está parado usted en un circo, de esos de carpa, esos antiguos y usted está entre el público y está viendo los animales que desfilan del mismo circo, junto con todos los artistas, a todos siempre nos llamó mucho la atención la cantidad de animales que pudiera haber en una función de circo, pero uno de los animales que más nos gustaron a niños y los adultos siempre ha sido el elefante, majestuoso, muy grande, con una fuerza sumamente desmedida, y que era vestido con impresionantes colores rojos y se mostraba imponente, su tamaño, sus colmillos, y como cargaba con mucha facilidad hasta a tres o cuatro chicas muy ágilmente, los veíamos durante toda la función y nos divertíamos mucho con el espectáculo y no dejábamos de ver al elefante.

Al finalizar la función salíamos y volvíamos a ver a los animales, ahora en sus jaulas los leones, los caballos amarrados y el elefante solo, con un gran grillete en una pata, además una cadena muy pesada y fuerte, la cual estaba anclada a un clavo de metal grande, sí, muy grande, pero nos llamaba poderosamente la atención de que vimos al elefante en el espectáculo y tenía arriba a 3, a 4 chicas, un domador y caminaba como si no tuviera nada de carga ese elefante, venía la duda y la pregunta que atormentaba nuestra mente ¿por qué si es tan fuerte el elefante, no se sacaba de esa estaca tan pequeña que lo tenía fijo en una porción de tierra y con mucha facilidad dada esa fuerza tan tremenda que tenía se escapaba de ese circo?, ¿qué era lo que orillaba al elefante a no arrancar de tajo ese clavo de metal?, que sabíamos que para él era muy sencillo arrancarlo y huir.

Preguntamos muchas veces ¿por qué?

Y aquí, querido amigo, le doy la explicación por qué ese elefante tan grande no arrancaba ese clavo y huía si era tan pequeño el clavo ante su fuerza. Ese elefante desde muy pequeño fue clavado de la misma manera, incluso hasta con el mismo clavo, en ese entonces para el pequeño elefante era un clavo muy grande, y ese elefante trató no una vez, sino de cientos de veces e hizo intentos de zafarse de ese clavo que lo ataba al piso y no solo una vez sino en muchas ocasiones tratando de arrancarse de ese clavo, en ese entonces muy grande y muy fuertemente clavado, se lastimó su pierna, se cortó y no logró arrancar ese clavo, fueron tantos los intentos de huir, que un buen día después tal vez de meses, se dio por vencido y ya no quiso seguir haciendo intentos por escapar, al grado que aunque creció, ya nunca más lo volvió a intentar, cansancio, fatiga, depresión, ganas de ya no hacer nada, vencido, no lo sabremos, lo que sí sabemos que ese tamaño elefante ya no hará el intento de arrancar esa estaca de su pata, porque ya se cansó y ya no lo hará.

Qué difícil para ese elefante que se haya cortado desde su infancia esa necesidad de seguir, de huir, de escapar,  y prefirió vivir llevando el show en sus espaldas, con chicas, artistas y clavado al piso, como lo habíamos visto, ¿qué enseñanza nos deja esto?, que nunca debemos ser como ese elefante, que aunque nuestro clavo sea muy pesado y difícil, debemos de seguir insistiendo en quitarlo y ser libres, en el ser humano no es un clavo o una cadena, es una idea, una depresión, una situación que impide que un ser humano desarrolle, y no solo eso, sino que quede conforme con estar amarrado a esa estaca que podría quitar fácilmente.

Yo lo observo muy comúnmente en empleados, sobre todo burócratas, que tienen todo para crecer, grandes capacidades, muy buena memoria, gran desarrollo personal, pero se estancan, se aferran como el elefante con una estaca a un pedazo de tierra, en este caso a una oficina y a un sueldo, pegados por un clavo o una estaca, imaginarios eso sí, pegados a un puesto por demás sencillo, tolerando a un jefecito que está mucho menos preparado que ellos, pero por la antigüedad, el sindicato y los años de trabajar ahí lo transforman en una vaca sagrada, impidiéndoles su desarrollo.

No, eso no lo debemos permitir, evitemos esa castración emocional, esa amputación de voluntad y tratemos de seguir adelante, no importa qué tan difícil veamos el camino o el arrancar esas cadenas, lo importante es hacerlo, lo importante es no quedarse anclado a una estaca, que fácilmente podríamos arrancar si realmente quisiéramos hacerlo, ojalá y te ayude la lectura de esta historia.

Gracias.