Anécdotas de mi Internado de Pregrado. (Urgencias Villa, 1979)

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Por Dr. Manuel Portillo Serrano

Gastroendoscopía/Gastrocirugía

Esta serie de anécdotas siempre las he querido compartir y ahora, por este medio, lo haré con mucho gusto; recordar es vivir y que, como dice el título de este artículo, son mis anécdotas e historias que marcaron mi vida profesional desde el internado rotatorio de pregrado, que es la fase de un año antes de graduarnos como médicos, es esa fase justo después de terminar los primeros 4 años de la carrera de médico cirujano.

Yo al estudiar en la UNAM y vivir en la hoy CDMX, hice mi internado en los Hospitales del Departamento del Distrito Federal, así llamado anteriormente, rotando en hospitales como Urgencias Villa, Rubén Leñero, Xoco, Infantil Villa, Regional del Rosario, Balbuena, en fin, es el año donde te inicias a calibrar de qué madera estás hecho para esto de la Medicina.

Llego de estudiante recién egresado si es cierto de 4 años de la carrera, pero aun inmaduro, el primer servicio que me toca es en enero del 1979, en Urgencias Villa, servicio pesado, mucha gente, muchos accidentes, mucha práctica, muchas suturas, muchas fracturas, en sí, mucho trabajo; guardias efectivas, o sea sin dormir, y teníamos guardias A,B, un día sí guardia, y un día no guardia, el servicio de urgencias en el Hospital de urgencias Villa, aparte de ser de Traumatologia, tiene una parte de tipo medicina legal, ya que debíamos clasificar las lesiones con las que llegaba cada paciente después de un accidente o una lesión, ya que si había alguna querella, queja o demanda, la ley debería saber qué lesiones presentaba el paciente al ingresar al servicio de urgencias, así que debíamos de clasificar las lesiones como las clasificaba el Código Penal de la Ciudad de México en esos años, así teníamos 289 primera, eran lesiones que por su naturaleza no ponen en peligro la vida del paciente, pero tardan en sanar menos de 15 días, con mucho las lesiones más sencillas y que no eran tan malas para los pacientes, y mucho menos para el que ocasionó la lesión, se trataba de una herida pequeña, un esguince, una torcedura leve, pero aparecía la 289/segunda, lesiones que por su naturaleza no ponen en peligro la vida del paciente pero que tardan en sanar más de 15 días, como una fractura, como una lesión que ameritaba más de 15 días para sanar. Estaba la del 290, lesión con cicatriz perpetuamente visible en región desprovista de pelo en la cara, cicatriz en cara, muy penada, y la 293, la más grave, lesión que por su naturaleza pone en peligro la vida, y era casi seguro que el que causó la lesión sería detenido para averiguaciones, esta clasificación la anotábamos en la nota del paciente y en una bitácora con el nombre, el número y la hora de entrada y de salida en urgencias, y si iba a juicio se extendía un certificado de lesiones, que firmaba un médico de base, ya que nosotros aun no teníamos cédula profesional.

Trabajo, mucho trabajo y hasta de leyes, suturé no se cuantas heridas, recibí a muchos accidentados, que al salir al otro día de guardia, leía en los periódicos la noticia del accidente y cómo habían quedado los automóviles y cómo los había recibido en urgencias, a esos pacientes que se vieron envueltos en esos accidentes, graves muy graves.

Era de llegar ambulancias día y noche, de la cruz verde, de la cruz roja, de automóviles particulares, de patrullas, de automóviles, de bomberos y de ambulancias que en ese entonces se llamaba de rescate, pero después sería Protección Civil. Suturas de pacientes incontables, sobre todo los fines de semana de quincena donde hay quintos en los bolsillos, coincide enormemente con las ingestas excesivas de bebidas embriagantes y desgraciadamente el uso de drogas, que son un muy buen catalizador de accidentes y tragedias, esos fines de semana en el servicio de urgencias eran literalmente trágicos, y de locura, en alguna de esas noches suturando una persona alcoholizada, como a las tres o cuatro de la mañana, con heridas de machete con más de tres heridas en las piernas cada una, con longitudes de hasta 25 a 30 cm cada una, hacían un metro con 20 a 30 cm de piel que debería suturar si consideramos que damos un punto por cada centímetro hablaba yo de 120 a 150 puntos en esas piernas, claro, inicialmente haciendo hemostasia, evitando sangrados y afrontando músculos, suturando eso y con el cansancio me llegué a preguntar “qué estoy yo haciendo aquí, podía estar en mi casa dormido si hubiera estudiado ingeniería, arquitectura u otra carrera, incluso ya la habría terminado esa carrera hace un año y ya estuviera trabajando en alguna empresa, pero no, estaba suturando a las tres y media la mañana a un borracho, que mañana ni se iba a acordar de mí, y que estaba vivo porque lo atendí en urgencias. Cansado, harto y desesperado salí de guardia, dormí en casa y al siguiente día ya estaba listo para mi siguiente guardia, ya no me acordaba del cansancio y lo harto de haber suturado toda la noche, así se vive la carrera de medicina en sus inicios.

Un servicio sumamente estresante pero muy formador, era el servicio de urgencias, era una rutina adecuada, pero el día 26 de enero del 1979, ni un mes tenía yo rotando en ese servicio recién ingresado y se presentó una situación que, para todos los servicios, no solo urgencias, se debió manejar como una catástrofe de grandes proporciones, la primer visita del Papa Juan Pablo II y su asistencia a la Basílica de Guadalupe. Deja te lo cuento en el siguiente artículo.

Gracias.