Por Carlos Alcaraz López, Asesor Fiscal
Llevamos ya más de dos meses confinados, durante este tiempo hemos visto como el mundo ha sido víctima de un cambio radical, de la normalidad al confinamiento, y probablemente pasaremos del confinamiento a la nueva realidad, normalidad o cualquier otra denominación que se imponga.
La cuestión no es simple para quien como su servidor no es epidemiólogo ni economista, sino un simple ciudadano que cumple con su trabajo, es decir con una función en específico dentro del sistema en que nos ha tocado vivir. Dentro de esta ciudad y en este tiempo, no más allá.
Lázaro Cárdenas, al parecer se ha convertido en uno de los principales focos rojos donde se han encontrado más víctimas de covid-19. A principios de febrero se empezaron a ver los primeros afectados, y a pesar de las medidas implementadas por los tres niveles de gobierno, la cifra creció exponencialmente en las últimas semanas.
Si nos alejamos un poco de las vertientes políticas, las decisiones gubernamentales y el contexto en que vivimos a nivel local y nos enfocamos un poco a nivel mundial, existen opiniones tan dispares en cuanto a los efectos que ya está trayendo consigo esta pandemia, no solo en el tema de la salud, sino en el tema social. Recordemos que hace 102 años, la gripe española cambió radicalmente al mundo. Particularmente llaman la atención las opiniones de Yuval Noha Harari (Historiador y escritor Israelí), Salavoy Zyzek (Filosofo Slovenio), Noam Chomsky (Politólogo americano y crítico de Trump) y Byung-Chul Han (Profesor y Filosofo estudioso del tema de la vigilancia), quien desde distintas perspectivas dan su particular punto de vista frente a este tema global.
Comenzando por Noam Chomsky, éste considera que la culpa mayor es del capitalismo y del neoliberalismo al crear un mundo más preocupado por la constante competencia y la superación mutua que por generar pilares o principios básicos de solidaridad que deberían componer nuestras naciones; para Chomsky, esta pandemia ha sido resultado de medidas que en su momento los grupos de poder empresariales, sobre todo del sector farmacéutico, estuvieron más preocupados en generar utilidad que en destinar una parte de sus labores a estudiar el tema de la prevención epidemiológica desde el momento en que estallaron los primeros casos de covid. Sin embargo, reconoce que hasta el día de hoy el sector que más ha enfocado en buscar una solución al problema han sido las universidades públicas, por el sentido y responsabilidad social que tienen.
Por su parte, Byung-Chul Han considera que estamos ante un estado de alerta internacional, donde los distintos países han implementado diversas medidas de seguridad contra el virus, unas más duras que otras. En Europa por ejemplo se han cerrado las fronteras mientras que en Asia se han establecido sistemas de crédito social o vigilancia. Se controla por el gobierno cada uno de los movimientos físicos e interacciones en internet de sus ciudadanos, así como sus datos biométricos. Este sistema de “crédito social” limita los derechos al libre tránsito y a acceder incluso a crédito. Tan es así que gracias a la tecnología el mismo sistema detecta en base a la toma de temperatura si una persona se considera como posible infectado.
Por otro lado, En uno de los artículos escritos por Yuval Noha Harari, a propósito de las medidas establecidas en China, nos invita a reflexionar sobre la hipotética posibilidad que el estado requisite a sus ciudadanos para que utilicen una pulsera que mida la temperatura de las personas y ante la más mínima sospecha en su aumento de temperatura, inmediatamente canalizarla a tratamiento. Incluso con esta medida la curva de contagios se reduciría drásticamente ya que los ciudadanos cumplirían con las medidas preventivas emitidas por el gobierno y con ello hasta llegar a erradicar la propagación del virus. Sin embargo, en algunos países, dicha medida continuaría, esperando o no una segunda oleada de coronavirus, lo que, en caso de no llegar, así como sucedió con el Impuesto a la Tenencia de Vehículos en México, este sistema de recopilación de datos podría continuar con o sin segunda oleada. “Por qué cuando la gente se le da a elegir entre la intimidad y la salud, deciden optar por la salud. La crisis del coronavirus podría ser el punto de inflexión”, palabras de este pensador.
Dejando el papel del capitalismo de lado y los sistemas biométricos de prevención para garantizar la salud de los ciudadanos, existe otro punto importante a considerar: la relación entre el ciudadano y sus autoridades políticas (elecciones). Los distintos niveles de gobierno parecieran tomar decisiones dispares en algunos casos
Zyzek (de ideología comunista), a propósito de evitar la confrontación entre niveles de gobierno, considera que las medidas para contener el virus por parte de los sistemas de salud están a punto de colapsarse y hasta el momento han sido insuficientes para contener la curva de contagios en muchos países. Considera que el momento en que los países necesitan adherirse, no solo a las políticas de salud de la Organización Mundial de la Salud, sino que está misma organización debería ser la responsable principal en administrar una especie de nuevo sistema de salud mundial, ya que cuenta con recursos y patrocinadores que podrían garantizar la contención del virus además de garantizar este derecho indispensable a todo el mundo, con la gran cantidad de recursos económicos y poder con el que cuenta. No obstante, esto traería como consecuencia la desaparición de la soberanía.
Finalmente, Byung-Chul Han, considera que ante la inestabilidad e incertidumbre, este proceso histórico del que estamos siendo protagonista, el fin de la globalización es inminente, ya que ante las desigualdades podremos aceptar el regreso a una nueva normalidad, más vigilada y más restrictiva: el virus no vencerá al capitalismo, la revolución no llegará a producirse, ningún virus hace la revolución; el virus nos aísla e individualiza, no genera ningún sentimiento e ideología fuerte, de algún modo cada uno se preocupa de su propia supervivencia. La solidaridad consiste solo en guardar distancias y no es una solidaridad que permita pensar en tener una sociedad distinta: mas pacifica, más justa. Confiemos en que tras el virus venga una revolución mas humana, para salvar a nuestros seres queridos y a nuestro planeta.
Estas son sin duda opiniones a considerar y cada quien podrá sacar sus conclusiones.





