Nunca es tarde para la recuperación

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Por Ernesto Salayandía García

Tomado de mi libro: Rompe con tus viejos moldes.

Consecuencias del Alcoholismo

Esta enfermedad es crónica y mortal, se caracteriza por la pérdida de control y la incapacidad para abstenerse de beber. Aquella persona que desarrolla la dependencia al alcohol, ve progresivamente afectadas todas las áreas de su vida. El deterioro físico es grave y su vida social y familiar se ven afectadas seriamente. A lo largo del tiempo el alcoholismo también va minando la energía y los recursos de la familia y ejerce un impacto desgarrador sobre ésta, aunque a corto plazo es posible que sus miembros no perciban este hecho. El impacto del alcoholismo o drogas como enfermedad, incluye una lista de conductas negativas. Se mencionan el abuso contra el cónyuge y los hijos, tasas de divorcios muy elevados, depresión y suicidio, problemas laborales, accidentes automovilísticos, entre otros muchos fondos que tocas en todos los sentidos. Te quedas solo, muy solo.

La Historia de mi vida

Soy el primer varón y segundo hijo de un matrimonio funcional de dos profesionistas, pareja y combinación perfecta para una familia feliz. Mi padre proviene de una familia numerosa igualmente que la familia de mi madre. Familias de rumbos y costumbres diferentes donde la única constante era el alcohol pues fue siempre el centro de toda actividad social, laboral, deportiva y festiva. Crecí en el seno familiar de familias alcohólicas y neuróticas sin saberlo, pensando que era algo normal, el vivir de esa manera. Mis abuelos, padre, tíos y familiares cercanos eran alcohólicos no tuve mucha opción de escoger crecí en ese ambiente donde la vida estaba llena de fiesta, donde las reuniones se prolongaban durante toda la noche, amanecían y seguían las pachangas, para mí en la infancia era algo muy suave pues conseguía lo que quería, era cuestión de andar con mi padre o cualquiera de mis tíos y con tal de no dar lata me compraban lo que quería, siempre escuchando las pláticas de mayores, sus conquistas, sus sueños de pompa y poderío, chistes, etc.

Los malos ejemplos

Mi infancia transcurrió en el ir y venir, iba a la escuela de la ciudad y mis temporadas de vacaciones las pasaba con la familia de mi padre en el pueblo la mayor parte del tiempo. Aquí conviví con gente siempre mayor que yo, me iba con mi tío o mi abuelo a trabajar al campo o al monte y siempre había alcohol como relajante o compañero de trabajo, de viaje, aventuras etc. Recuerdo desde muy chico haber probado el alcohol y la primera sensación no fue muy buena, era tequila puro como lo usaba el abuelo, pero pues todos lo hacían no quería quedar fuera o que pensaran que no era lo suficientemente hombre para aguantarlo, a veces nomas besaba la botella para que vieran que le tomaba, poco a poco se fue perdiendo esa repugnancia hacia la bebida y más por la aceptación que lograba con la gente pues los oía como decían que iba a ser buen hombre, que era igualito a mi padre, al abuelo, me sentía mayor sentía que ya era un hombre. Creo que el sueño de todo niño es ser igual que su padre, yo aparte de todo quería tener sus brazos, su fuerza, carisma, quería hacer caminos como los que él me platicaba que hacía. pero seguí el camino incorrecto comencé por imitar su adicción al alcohol.

La Neurosis de mi madre

La mayoría de las veces que recuerdo convivir con mi padre de chico, siempre andaba tomado y como compartí anteriormente, no me importaba, pues era súper padre, me compraba muchas cosas, me daba dinero, me quedaba con el cambio, me prestaba la camioneta, qué más les puedo decir, súper. Yo creí que el alcohol era bueno porque veía como mi padre era el alma de las fiestas, bailaba, cantaba, hacía reír a la gente, tenía muchos amigos, donde quiera lo aceptaban, en fin era popular pero siempre había el prietito en el arroz, faltaba que llegara mi madre y se acabó la fiesta, enojada, ya vámonos, mira qué horas son, ¿cómo andas?, ¿dónde andas?, ¿con quién andas?, Ufff infinidad de cosas que en su momento yo no entendía por qué era así mi madre, llegué a pensar que era solo para hacerlo sentir mal, humillarlo delante de todos, porque ella era anti social. ¿Por qué? ¿Por qué? Si solo nos divertíamos. Mi madre toda una neurótica, qué onda ¿por qué no es igual que las demás? que no acaban las fiestas, que se divierten, que se quedan en casa esperando que llegue el marido.

Espejismo de diversión

Acabé resentido con mi madre y con toda figura de autoridad femenina. A pesar que ya veía algunos problemas con otros matrimonios por culpa del alcohol me negaba a entender. Yo juré que a mí cuando fuera grande o me casara, ni una mujer me iba a mandar o a humillar de esa manera. Ya la enfermedad del alcoholismo me había atrapado cuando tenía solo 12 años, sin darme cuenta funcionaba con los moldes y costumbres de mi familia alcohólica, era machista, siempre viendo a la mujer como un instrumento menor, un objeto, pues las pláticas que siempre oía eran sobre las mujeres con las que mis tíos se acostaban, para eso existían, para ser sometidas por el hombre. En el pueblo no había mucho que hacer, actividades del hogar por la mañana, y por las tardes, juntarnos con otros amigos para tomar y escuchar las pláticas de los mayores: que me acosté con ésta, con la otra, con aquella, en fin, no se les escapaba ni una.

Malas amistades

Mi primera borrachera fue a los 12 años, fue sin acordarme al otro día de lo que había pasado, pero me hizo entrar a las grandes ligas. Como héroe me trataron mis amigos, casi me muero de congestión, pero eso no importaba, ya era todo un hombre, lo había logrado, recuerdo la resaca al otro día la cual se mitigó con una botella de cerveza ¡guau! Si tiene solución vámonos por otras ¿cuál es problema? aquí empezó la caída a un abismo que no tenía fondo. No conocí nunca una borrachera a medias, nunca supe controlar mi manera de beber. Me decían el Sabritas porque no podía probar solo una. El principio fue como miel sobre hojuelas, me daba valor, bailaba, cantaba, platicaba, las crudas eran mínimas, si las había, porque a veces no las dejaba llegar, sabia controlar mi conducta delante de mis padres y ante todos era buen hijo, estudiante, trabajador, responsable, educado, pero solo eran máscaras para cubrir la persona que realmente era, a la que su majestad el alcohol me estaba conduciendo.

Mi adolescencia desordenada

Así transcurrió mi adolescencia y juventud siempre buscando la manera de tomar. Deportista con grandes posibilidades de participar en eventos nacionales los cuales me perdía porque lo primero era mi adicción. Estudiante con muchas aptitudes y sueños de ser arquitecto. Sueños que el alcohol me fue quitando pues se adueñó de mi voluntad y me hizo sucumbir a sus exigencias. Pronto el interés de estudiar se fue apagando y decidí que acabando bachilleres me iría a los Estados Unidos a trabajar pues así lo hacían todos los del pueblo. Volver con una buena camioneta para que todos me vieran, postear un buen tiempo y regresar cuando el dinero escaseara. Pero el destino me tenía preparada otra cosa. Mi sueño americano no se logró, me regresé casi con una mano atrás y otra adelante. Decidí continuar mis estudios y entré a la universidad, por fin lograría ser profesionista, pero qué ingenuo, el alcohol ya me tenía muy tomada la medida. Me dediqué a pasarla bien, como que estudiaba, asistir a la mayoría de las fiestas, pasando de panzazo y así mis padres me mantenían. Terminé pero no tuve el valor para titularme. Fueron cinco años de vida perdidos. Fui mal hijo, pues mientras mis padres se sentían orgullosos de su hijo, yo gastaba el dinero que me daban para la escuela en el alcohol. En ese tiempo, me dediqué al negocio familiar, esto me daba para gastar, el cual aprendí desde chico ayudándole a mi papá. Mi padre me dio la oportunidad de independizarme pasándome algunos clientes para que yo los atendiera.

Matrimonio disfuncional

Conocí a una mujer divina, desde el momento que la vi me enamoré, yo sí creo en el amor a primera vista, cuando tomé su mano supe que era ella con quien yo me iba a casar, menor que yo seis años, era la pareja perfecta para amoldar a mis antojos. La llevé al altar, luna de miel…. Después la realidad fue que la dejaba todo el día en casa mientras yo seguía en el vicio. Ya no podía parar, casi era a diario mi tomada, conocí las drogas, perfecto complemento, ahora duraba más la fiesta, fui perdiendo mi deseo sexual, solo quería tomar, ya no podía tener relaciones, me justificaba que andaba cansado, que todo el día trabajaba, en fin puras mentiras. Fuera máscaras, mi esposa se dio por vencida y me dijo que yo tenía un problema muy grave que fuera a Alcohólicos Anónimos, lo platicó con sus papás y mis papás, pero yo no entendía razones. Intenté de muchas maneras dejar de tomar, pero solo para regresar con más ganas. Nació mi segundo bebé, una nena hermosa, y al momento de su bautizo, me emborraché como nunca, al grado de que mi mujer se asustara y me dijera que ella pensó que me iba a morir. Ese día un amigo me condujo a Alcohólicos Anónimos. Mi vida dio un giro de ciento ochenta grados; hoy vivo feliz con mi esposa y tres hijos preciosos que gracias a Dios, a mi esposa y al amigo que me llevó a AA nunca me han visto tomar. En AA encontré la razón por la cual me inicié en el vicio y fue por imita changos razón por la cual titulé mi testimonio de esa manera. La cita es este lunes a las 6 de la tarde, tiempo de Chihuahua México en mi programa, Diálogos al Desnudo, por Facebook y YouTube, ernestosalayandia@gmail.com 614 256 85 20- https://www.youtube.com/watch?v=-ga0Nt4HVhY.