* Antes de que México aprendiera a vivir en libertad soberana; sus navegantes ya buscaban el porvenir entre los hielos de Alaska.
Por Almirante (ret) J. E. García Silva Pérez
Apreciable lector. Hoy les contaré una historia que comienza donde algunos creen que termina México: a la orilla de la mar y se extiende más allá del horizonte… hasta las 200 millas náuticas del ancho y prodigo mar. Imaginen un pequeño puerto entre manglares, carpinteros trabajando, velas extendidas y hombres preparando una navegación hacia tierras heladas. No había motores ni pronósticos en una pantalla. Había instrumentos, conocimientos, deseos de aventura y valor. El puerto era San Blas; desde allí, el territorio novohispano participó en las exploraciones del Pacífico Norte (Pinzón Ríos, 2018).
—¿Y para qué fueron tan lejos, se preguntará apreciable lector? Para conocer qué sucedía más allá del horizonte. Las noticias sobre establecimientos rusos y la presencia británica inquietaban a las autoridades novohispanas. Debían reconocer costas, localizar puertos de refugio y observar a sus competidores. También buscaban comprobar si existía un paso entre el Pacífico y el Atlántico. Aquellos navegantes comprendían algo sencillo: una costa se defiende mejor cuando se conoce cuanto ocurre delante de ella (Bradsher, 2017).
El 3 de febrero de 1790 salieron de San Blas tres embarcaciones: la fragata “Concepción”, al mando de Francisco de Eliza; el paquebote “San Carlos”, comandado por Salvador Fidalgo, y la balandra “Princesa Real”, dirigida por Manuel Quimper. Navegaron hacia Nutka, en la actual Canadá. Desde allí se distribuyeron las tareas: Fidalgo marchó hacia Alaska; Quimper reconoció el estrecho de Juan de Fuca. Cada cual llevaba una misión, porque navegar sin propósito también cansa y además se aprende menos (Bradsher, 2017).
El “San Carlos” estaba ligado a la construcción naval de San Blas, donde trabajó el maestro calafate Gonzalo Monroy. Detrás de una expedición había como en lo actual; mucho más que un capitán: carpinteros, fabricantes de velas, herreros, marineros y proveedores en tierra. La aventura comenzaba ayer como hoy; en tierra, con manos capaces de preparar, mantener, reparar e innovar, así como avituallar un buque para resistir y mantener la navegación en la mar. Un expediente conservado en el Archivo General de la Nación recuerda esa labor, tan indispensable como la caña que gobierna el timón para mantener el curso hacia el buen puerto de destino y abrigo (University of Arizona Libraries, s. f.).
Las tripulaciones reunían hombres de distintos orígenes. En San Blas había personal peninsular y americano que trabajaban hombro con hombro sin distinción de raza: en equipo; como se trabaja hoy en día en la mar. Incluidos trabajadores llegados desde “Veracruz”, la “Isla de Términos” o de “Tris” y “Campeche” además de otros puertos. Una lista de reclutamiento de 1789 registra diecisiete marineros europeos y doce americanos. No sabemos cuántos de ellos embarcaron con Fidalgo, pero sí podemos reconocer que aquella empresa se apoyaba en una sociedad marinera diversa. La historia merece orgullo, pero también verdad: recordemos a quienes la hicieron sin inventar protagonistas, y transmitamos su memoria a nuestros hijos y nietos, como en Irán se conserva la tradición del Shahnameh, el Libro de los Reyes (Pinzón Ríos, 2018).
Fidalgo llevó hacia Alaska a los pilotos Antonio Serantes y Salvador Menéndez, además de catorce soldados de los Voluntarios de Cataluña y su personal marinero. El 15 de junio de 1790 reconoció y nombró Puerto Valdez, en honor de Antonio Valdés, ministro de la Marina española. No fundó allí una población permanente. Dejó conocimiento geográfico y un nombre que todavía perdura: una pequeña memoria escrita sobre las aguas y conservada en los mapas (Bradsher, 2017).
Hoy, cuando alguien navega desde Whittier, entra en la misma gran región marítima del Príncipe Guillermo. Whittier y Valdez son lugares distintos, entre islas, bahías y fiordos. El puerto moderno de Whittier se desarrolló durante la Segunda Guerra Mundial y quedó conectado por ferrocarril en 1943. Mucho antes, los pueblos originarios ya recorrían aquellos paisajes. Nuestra exploración novohispana forma parte de esa historia, pero no fue su comienzo (City of Whittier, s. f.).
—Entonces, apreciado lector, ¿Alaska fue mexicana? No. Solo fue escenario de exploraciones organizadas desde el territorio novohispano, que pertenecen a nuestra herencia marítima. Sin embargo, explorar, reclamar y gobernar no significan lo mismo. Antes de la independencia mexicana, España renunció a sus reclamaciones al norte del paralelo cuarenta y dos mediante el Tratado Adams-Onís. Conviene recordar esta diferencia: el cariño por nuestros antepasados y la “unidad nacional” se fortalecen cuando contamos con precisión las glorias que ellos lograron (Office of the Historian, s. f.-a).
Después llegaron años difíciles. La guerra de Independencia alteró actividades económicas y comunicaciones; México nació con muy pocos medios navales disponibles. Hubo que adquirir embarcaciones y organizar una Armada propia. Aun así, nuestros primeros gobiernos comprendieron la importancia de la mar: en 1825, la escuadrilla de Pedro Sainz de Baranda sostuvo el bloqueo que contribuyó a la rendición de San Juan de Ulúa último reducto español en el México Independiente. El rumbo marítimo seguía presente, aunque faltaran recursos (Secretaría de Marina, s. f.-a).
Las pérdidas territoriales posteriores del siglo decimonónico tuvieron otras causas: expansión extranjera, conflictos internos, dificultades financieras y derrota militar. La guerra con Estados Unidos desembocó en el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, por el cual México cedió Alta California y Nuevo México. Perdimos territorios, poblaciones, recursos y una extensa costa del Pacífico. La debilidad naval formaba parte del problema nacional; atribuirle toda la tragedia sería pedirle a una sola explicación que cargara demasiado equipaje (National Archives, s. f.).
En el siglo decimonónico no olvidamos la mar de una vez, ni todos los territorios al mismo tiempo. Más bien, nos costó sostener sus proyectos. La Escuela Naval Militar, abierta hasta 1897, demuestra la voluntad de formar personal propio. Allí está una lección que ustedes comprenderán: ningún buque vale más que la preparación de quienes lo gobiernan. Las máquinas pueden comprarse; el conocimiento exige maestros, práctica, perseverancia y tiempo para aprender a operarlos, mantenerlos, repararlos e innovarlos (Secretaría de Marina, 2018).
Por eso les cuento esta historia con esperanza. San Blas nos recuerda que desde nuestro territorio zarparon hombres capaces de mirar lejos. Recuperar ese horizonte exige educación marítima, investigación y trabajo coordinado entre escuelas, empresas y autoridades. A ustedes les corresponde conocer México y convertir sus posibilidades en bienestar para sus familias. La mar sigue aquí, abrazándonos; respondamos con conocimiento, voluntad y obras que perduren.
Necesitamos puertos modernos y bien equipados, pero, sobre todo, personas capaces de operar, mantener, reparar e innovar esa tecnología. El Código MASS de la OMI, dedicado a la seguridad de los buques de superficie autónomos y controlados a distancia, nos llama a prepararnos desde ahora: su versión obligatoria tiene prevista la entrada en vigor el 1 de enero de 2032 (Organización Marítima Internacional [OMI], 2026). Mexicanos, el porvenir necesita buenos puertos y mejores escuelas. Formemos hoy a quienes habrán de gobernarlo: el rumbo de México comienza en lo que enseñemos a sus hijos y nietos; nuestra descendencia.
BIBLIOGRAFÍA
Bradsher, G. (2017, 12 de octubre). Spanish explorations of the Pacific Northwest and the first Nootka Sound settlement, 1790–1791. National Archives. https://text-message.blogs.archives.gov/2017/10/12/225-years-ago-spanish-explorations-of-the-pacific-northwest-and-the-first-spanish-settlement-in-washington-state-nunez-gaona-neah-bay-1792-part-ii-spanish-explorations-of-the-pacific-northwest-a/
City of Whittier. (s. f.). Visiting Whittier. https://www.whittieralaska.gov/community-resources/page/visiting-whittier
National Archives. (s. f.). Treaty of Guadalupe Hidalgo (1848).
Office of the Historian. (s. f.-a). Acquisition of Florida: Treaty of Adams-Onís (1819) and Transcontinental Treaty (1821). U.S. Department of State.
Pinzón Ríos, G. (2018). Hombres de mar en las costas novohispanas: Trabajos, trabajadores y vida portuaria en el Departamento Marítimo de San Blas (siglo XVIII) (1.ª reimp.). Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas.
Secretaría de Marina. (s. f.-a). Historia naval. programas/historia-naval
Secretaría de Marina. (2018, 1 de julio). Fundación de la Escuela Naval Militar.
University of Arizona Libraries. (s. f.). Documents concerning Monroy’s instancia that salary be increased to amount promised him at hiring [Descripción de expediente del Archivo General de la Nación, Provincias Internas, vol. 166, ff. 271–276]. Arizona Historical Indexes.







