Mesón El Manguito: Medio siglo de sazón, política y la sombra de un legado familiar

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Iván Málaga Rodríguez, relató en el Noticiero de este diario, cómo ha sido la existencia del Mesón El Manguito, de hace 51 años a la fecha, que inició en 1975, bajo un árbol de mando, como un humilde puesto de menudo.

Por Francisco Rivera Cruz

En la esquina que forman la Avenida Heroica Escuela Naval Militar y la calle Melchor Ocampo, el humo de las brasas y el aroma del guisado tradicional relatan una historia que comenzó hace medio siglo. Lo que arrancó en 1975 como un humilde puesto de menudo bajo la sombra de un árbol de mango, se ha convertido en una institución gastronómica, social y cultural del puerto: el Mesón El Manguito.

Detrás de sus fogones y mesas hoy se encuentra Iván Málaga Rodríguez, quien junto a sus hermanos Esmeralda, Rocío e Igor, mantiene vivo el legado de su madre, doña Eva Rodríguez, una mujer incansable que a sus 87 años sigue siendo el pilar y la inspiración del negocio.

Para Iván, la relación con el mesón no siempre fue idílica. “Tenía solo tres años cuando arrancaron el negocio. De niño le tenía una especie de rechazo porque absorbía todo el tiempo, pero hoy es parte fundamental de mi vida; para mí es un lugar maravilloso”, confiesa.

Ese cambio de perspectiva lo llevó a abrazar la cocina con vocación artesanal. Su jornada inicia a las 4:00 de la mañana, entre el encendido de fogones y el picado de ingredientes. Para él, la cocina no es una rutina autómata, sino una expresión de afecto: “La comida es amor”, asegura, mientras describe el proceso creativo de cada platillo como una experiencia que disfruta diariamente.

El auge de El Manguito estuvo ligado al crecimiento urbano e industrial de Lázaro Cárdenas. En sus primeros años, la ubicación cobró fuerza estratégica por la construcción del puente hacia la Isla del Cayacal y la cercanía con los talleres de una conocida empresa de autobuses.

Sin embargo, su destino como epicentro político se selló cuando el presidente municipal Benigno Trejo, comenzó a frecuentarlo, atrayendo consigo a la clase política local y estatal. Desde entonces, el lugar se convirtió en un neutralizadores de ideologías. Por sus mesas han pasado presidentes municipales, gobernadores, líderes sindicales y representantes empresariales de todos los colores.

A pesar de ser un punto de encuentro de alto nivel, la premisa de la familia Málaga Rodríguez se mantiene intacta:

“No puedo cambiar la esencia. El lugar mantiene su sentido de sencillez, de tradición, y hoy en día, de longevidad”, resalta Iván.

Aunque la carne asada es el platillo más solicitado en la actualidad, el aporreadillo sigue siendo uno de los grandes referentes de la casa, una receta que les ha permitido ganarse el cariño de generaciones de comensales.

Entre las curiosidades del menú destaca el emblemático platillo bautizado como “Ferrocarril”. La combinación nació a petición explícita de un cliente con apetito voraz, quien solicitó reunir en un solo plato tres de las especialidades de la casa: aporreadillo, chicharrón en salsa y chilaquiles. La fórmula gustó tanto que se quedó en la carta, permitiendo a los clientes personalizarlo o agregar algún otro guisado del día.

Más allá de los sartenes, Iván Málaga revela una faceta creativa y filantrópica poco conocida por muchos de sus clientes. Estudiante de Diseño de Interiores y apasionado de las artes plásticas, incursionó en la pintura por una inquietud muy personal: sufragar un viaje a Sudamérica.

Su talento con el pincel superó sus propias expectativas: ha montado dos exposiciones de aproximadamente 25 cuadros cada una, logrando vender la totalidad de las obras incluso antes de la inauguración formal de las muestras.

En el ámbito comunitario, Iván mantiene los pies en la tierra y descarta cualquier aspiración a un cargo público, prefiriendo el trabajo directo y silencioso con sectores vulnerables, especialmente en el apoyo a personas en proceso de rehabilitación de adicciones.

A 50 años de distancia, El Manguito no es solo un restaurante: es el lienzo donde la familia Málaga Rodríguez sigue sirviendo historia, arte y sazón a toda una comunidad.