Por Yazmín Arroyo
Bienvenidos sean, mis estimadísimos lectores; como cada semana agradezco por la oportunidad que me da Don Rafita y a este periódico digital Gente del Balsas, de poder expresar mi punto de vista u opinión de los hechos más relevantes de la semana y aprovecharé esta ocasión para hablar del desprecio.
Y todo esto lo traigo a colación por lo que escuché el día de ayer en la radio con el buen Roger Ortega, el cual leyó una fábula del Zorro y las uvas, yo creo que sí la has escuchado.
– El zorro con hambre quería alcanzar a las uvas, las cuales estaban muy altas y por más que se movía o brincaba no las podía alcanzar, fue tanto el esfuerzo que hizo que se cansó y terminó diciendo; esas uvas probablemente están muy amargas, no saben buenas.
Y así amarga le supo la decepción de que no podría comerse esas uvas, como no pudo alcanzarlas las despreció y se vanagloriaba en decir que probablemente eran las peores uvas, que bueno que no las probó y se fue a buscar otra cosa.
La razón por la cual me conmovió este tema, es porque creo que así somos cuando no obtenemos lo que queremos, empezamos a despotricar en contra del otro, empezamos a hacer comentarios hirientes como: probablemente tiene ese puesto por ya sabes quién.
O le dieron ese trabajo por su cara bonita, o tiene muchas palancas, es familiar de no sé quién, por eso está ahí, o a poco te dieron ese reconocimiento, pues qué hiciste o cómo le hiciste, porque yo no creo que tú lo hayas logrado.
Y es que a veces la decepción nos hace decir cosas que no debemos. Por qué no mejor nos alegramos por los triunfos de los demás, de nuestros amigos, de nuestra familia, de nuestros compañeros de trabajo.
En la medida en la que nos alegremos por los triunfos de los demás, será en la medida en la que podemos reconocer en el otro, lo bien que está haciendo las cosas.
¿Sabes?, muchas de las veces no sabemos de las batallas de cada uno de nosotros, de los problemas, enfermedades o padecimientos por los que estemos pasando.
Empecemos pues por nosotros mismos; felicítate, alégrate, apapáchate, motívate, reconócete y todos los días dilo en voz en alta, soy muy buena o soy muy bueno, me merezco lo mejor y merezco que me vaya muy bien.
Y yo sí creo que todo va a mejorar para bien, entre nosotros y con nosotros mismos, porque sabes al final mi querido amigo o amiga deberemos de reconocer que la vida es una oportunidad de ser felices y no una competencia.






