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La tierra no avisa, ¿Está México preparado?, terremotos

Por Lic. Julio César Zamudio

Director Corporativo Mercadotecnia de México

Durante las últimas semanas, distintos terremotos han vuelto a demostrar que, frente a la fuerza de la naturaleza, ningún país puede considerarse completamente seguro.

Venezuela, Japón, Colombia, España e Indonesia han sentido el movimiento de la Tierra, dejando pérdidas humanas, personas lesionadas, viviendas destruidas y familias enteras viviendo entre la incertidumbre y el dolor. En realidad, no puede hablarse de un “primer terremoto mundial del año”, porque diariamente se registran numerosos movimientos sísmicos en diferentes regiones del planeta, sin embargo, en México, uno de los primeros sismos relevantes de 2026 ocurrió el 2 de enero, a las 7:58 horas, con magnitud 6.5 y epicentro cerca de San Marcos, Guerrero, aquí en nuestro país, el movimiento fue percibido en una parte considerable del territorio nacional y nos recordó, desde los primeros días del año, que México se encuentra en una zona de elevada actividad sísmica, así lo documentó el Servicio Sismológico Nacional, posteriormente, el 28 de julio, la región de Kumamoto, en Japón, fue sacudida por un terremoto de magnitud 7.1 según la Agencia Meteorológica de aquel país equivalente a una magnitud de momento de 6.8, ocurrido a poca profundidad, la intensidad del movimiento alcanzó el nivel máximo de la escala sísmica japonesa en algunos puntos, provocando derrumbes, daños en carreteras, interrupciones de servicios y víctimas, Japón es uno de los países mejor preparados del mundo, pero incluso en ese lugar un terremoto fuerte puede cobrar vidas y superar la capacidad de resistencia de determinadas construcciones, la Agencia Meteorológica de Japón confirmó las características del evento, Venezuela también vivió una de las tragedias sísmicas más graves de 2026, el 24 de junio, dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 se produjeron con menos de un minuto de diferencia, afectando principalmente al estado costero de La Guaira y a diversos sectores de Caracas, los movimientos provocaron el colapso de edificios, dejaron miles de personas heridas o sin vivienda y, hasta el 15 de agosto, se reportaban más de 6,300 fallecimientos, esta tragedia evidenció que la magnitud de un desastre no depende solamente de la fuerza del terremoto, sino también de la calidad de las construcciones, la preparación de las autoridades y la rapidez con la que se organizan las labores de búsqueda y rescate, El 10 de agosto, Colombia vivió una tragedia todavía mayor, un terremoto de magnitud 7.4, con epicentro en San José del Palmar, departamento del Chocó, fue sentido en buena parte del país, Cali, Pereira y otras ciudades del occidente colombiano sufrieron derrumbes y daños severos, hasta este 14 de agosto se reportaban, de manera provisional, al menos 294 personas fallecidas, alrededor de 320 desaparecidas y miles de lesionados, las cifras podrían modificarse conforme avancen las labores de búsqueda, el evento tuvo una profundidad aproximada de 103 kilómetros, según el Servicio Geológico Colombiano, España también fue sorprendida el 14 de agosto, un sismo de magnitud 4.8, localizado cerca de Alhendín, Granada, se sintió en amplias zonas de Andalucía y en algunas localidades de Murcia, Castilla-La Mancha e incluso Madrid, aunque fue considerablemente menor que los terremotos de Colombia e Indonesia, ocasionó caída de objetos y algunos daños no estructurales, el Instituto Geográfico Nacional de España recibió más de diez mil reportes ciudadanos, este 15 de agosto, Indonesia sufrió un terremoto de magnitud 7.7 frente a la isla de Flores, las autoridades indonesias reportaban 47 personas fallecidas, viviendas destruidas, escuelas y centros de salud dañados, además de miles de habitantes evacuados hasta las 19.20 horas de este 15 de agosto, se emitió temporalmente una alerta de tsunami y continuaron registrándose numerosas réplicas, la Agencia Nacional de Gestión de Desastres de Indonesia informó que la evaluación de daños todavía se encontraba en proceso, ¿Por qué parece que están ocurriendo tantos terremotos?, no necesariamente porque exista una cadena mundial que esté activando todas las fallas al mismo tiempo, Japón, Indonesia, Colombia y México forman parte o se encuentran relacionados con el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, pero cada terremoto se origina en condiciones tectónicas particulares, España, en cambio, está influida por el acercamiento entre las placas Africana y Euroasiática, la cercanía temporal entre estos eventos no demuestra que uno haya provocado al siguiente, El Servicio Geológico de Estados Unidos calcula que, en promedio, cada año se producen alrededor de 16 terremotos mayores en el mundo, aproximadamente 15 de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o superior, en ocasiones se concentran varios en pocas semanas, generando la impresión de que la actividad sísmica se ha disparado, también contamos ahora con más instrumentos, comunicaciones inmediatas y redes sociales que permiten conocer en minutos lo que sucede al otro lado del planeta.

En México existe la creencia de que septiembre es “el mes de los terremotos”, debido a los acontecimientos del 19 de septiembre de 1985, 2017 y 2022, además de otros sismos ocurridos el día 7 de ese mes, sin embargo, científicamente se trata de una coincidencia, los terremotos no tienen calendario, no obedecen a estaciones del año y no pueden predecirse señalando fecha, lugar y magnitud, el propio Centro Nacional de Prevención de Desastres advierte que los sismos no suceden por temporadas, ¿Qué le espera entonces a México durante agosto, septiembre u octubre?, nadie puede afirmar responsablemente que ocurrirá o que no ocurrirá un gran terremoto, el riesgo existe durante todo el año, no debemos provocar alarma, pero tampoco caer en la indiferencia, la verdadera respuesta se encuentra en la prevención, México necesita impulsar casas, escuelas, hospitales y edificios verdaderamente sismorresistentes, técnicamente no existen construcciones totalmente “antisismo”, pero sí inmuebles diseñados para evitar el colapso y proteger vidas, para lograrlo se necesitan estudios de mecánica de suelos, cálculos estructurales realizados por especialistas, materiales certificados, supervisión profesional, cumplimiento de los reglamentos de construcción y revisión periódica de edificios antiguos, La Tierra no nos dirá el día ni la hora, por eso, nuestra mejor defensa no es tratar de adivinar el próximo terremoto, sino construir responsablemente, reforzar los inmuebles vulnerables, realizar simulacros, mantener rutas de evacuación y desarrollar una auténtica cultura de protección civil, un terremoto puede ser inevitable, una tragedia de grandes dimensiones, en muchos casos, sí puede prevenirse, hay que estar preparados.